Es que con lo que tú adoras Rayuela ya estás tardando en ir a París. Por cierto te recomiendo que leas la segunda entrada de este post, la del relato que ganó el famoso concurso. Estoy segura de que te entusiasmará. Un beso.
"En realidad, no hay dos novelas iguales ni dos personas que hayan leído la misma novela. Ni siquiera Los miserables es igual que Los miserables . Vuelve a leerla y verás" . Si Melchor Marín se hizo policía fue gracias a " Los Miserables ", la novela que descubrió en la cárcel, la novela que ha leído innumerables veces, la novela que nunca ha podido ser superada, ni tan siquiera igualada, por ninguna otra, por más que desde entonces haya leído sin freno. Pero siempre vuelve a "Los Miserables" y si en un principio se sintió identificado con Jean Valjean, un hombre golpeado por la sociedad, que tan solo por su madre ha sido querido y apreciado, que busca refugio sin encontrarlo cuando sale del presidio, que decide hacer suyo el odio que ha recibido y utilizarlo contra otros como otros lo han utilizado contra él, enseguida se ve decepcionado por el personaje convertido en el señor Magdalena y vuelve sus ojos hacia otro personaje, el "malo" de la...
[...] la ceniza venía del centro de la tierra. La península había sentido de golpe toda la sangre que iba a recoger durante la guerra que acababa de comenzar y estalló de dolor: sacudió las placas y agrietó su centro geográfico, que se encontraba cerca de Madrid, justo debajo del cerro de los Ángeles. Se tragó todo el monumento al Sagrado Corazón que había erigido allí el exiliado Alfonso XIII —cuyo Cristo había sido fusilado por los republicanos días atrás—. En lo alto del cerro se abrió una sima que descendía hasta el centro del planeta —casi tan grande como la de Jinámar, en Gran Canaria, donde encontraron la muerte cientos de milicianos—, de la que aquella madrugada brotó una inmensa nube de ceniza. Con el paso de los meses, los bordes de la sima crecerían hasta formar el cráter de un inmenso volcán. Pero la erupción no llegaría hasta bien entrado el conflicto porque el volcán estaba aún vacío. No podía expulsar sangre hasta que la tierra no se empapase del todo con ella. Comi...
Con esta lectura cumplo una deuda que tenía pendiente desde muy joven y completo la lectura de todas las novelas de Mario Vargas Llosa. Se trata de un autor que me fascinó con su novela " Conversación en la Catedral ", la primera que leí cuando tenía veinte años. Tanto me gustó que después la he releído dos veces más. A partir de esa novela, fui leyendo toda su narrativa, pero, no sé muy bien por qué, " La ciudad y los perros " se negó a entrarme. La empezaba y era como si ante mí se abriera una inmensa llanura árida y salina, tal el desierto de Atacama, imposible de atravesar. Lo intenté un par de veces más después de la primera y fui incapaz de enfrentarme a tanto chico encerrado en un colegio militar, a esa primera aventura de Cava enfrentándose a sus miedos para robar el examen, dando así comienzo a una historia de niños jugando a ser hombres, con una disciplina propia de hombres, pero con una necesidades y comportamientos propios de los niños que son....
"De pronto fue consciente de lo agotado que estaba, como sin fuerzas, tanto por las pasadas semanas de desasosiego como por los pasados treinta años anhelando y deseando ardientemente un momento así, al mismo tiempo que se repetía que no le importaba" . Jude St Francis lleva mucha vida por detrás cuando, a los treinta años, por fin consigue algo que nunca ha tenido, pero que siempre ha deseado sin atreverse siquiera a confesárselo a sí mismo. Para entonces nosotros llevamos ya una cuarta parte de la novela leída y respiramos con alivio, porque aunque no sabemos en profundidad el pasado de Jude, sí sabemos de lo que siempre ha carecido e intuimos que su pasado es turbio y muy muy triste y sórdido. Tampoco su presente es un camino de rosas, pero sabemos que ese presente deriva de aquel pasado: sus piernas débiles y doloridas que le obligan a usar silla de ruedas en ocasiones; su propensión a buscar el dolor, no sabemos bien si como sustituto del placer o como expiación de a...
En este momento, a pesar de los hechos que voy escribiendo, o tal vez por eso mismo, veo que tiendo a divertirme. La verdad es que ha pasado mucho tiempo desde aquello, diecinueve años, y la pena en mi corazón sólo en ciertos instantes se hace tan punzante como fue entonces; las llamas y el agobio, sólo por momentos, tan asfixiantes como en esos días. Todavía me abruma lo ocurrido, por supuesto, y me hace fumar y acostarme a dormir un poco, pues fue duro, pero la alegría aflora siempre, o casi siempre, como trozo de madera en el agua, no importa lo profundo del horror de lo vivido. En este momento, David, el narrador, es un anciano. Estamos en 2018 y nos narra sus vivencias de hombre viejo, solo, casi ciego, atendido por tres personas de la misma familia, que ya son también su propia familia, la única que le queda: Ángela, cocinera, limpiadora, mujer para todo en la vida del narrador; Juan Pablo (o José Luis), jardinero y marido de Ángela; José Luis (o Juan Pablo, nunca se ha aclara...
La iniciativa de El tintero de oro para el mes de mayo es la última por esta temporada en lo que a microrretos se refiere. Se trata de escribir un relato de 250 palabras como máximo en el que aparezca algún tipo de fobia. Puede ser real o inventada. Yo tuve una buena vida. Un trabajo con un gran sueldo, una casa espectacular con todas las comodidades, una mesa adornada con los mejores manjares y regada con los mejores vinos, vacaciones de lujo… Por si fuera poco, mi salud era envidiable y me permitía todos los excesos sin pasar factura. Pero desde hace diez años todo eso se vino abajo. Perdí mi trabajo, consumí mis ahorros, mi mesa fue perdiendo brillo y suculencia y me echaron de mi casa por no poder pagar la hipoteca tan espectacular como el propio piso. Pero, con todo, no fue eso lo peor. Lo peor es que desde que todo se derrumbó, sufro de autoagresiones involuntarias. Me lanzo de cabeza contra los vidrios de puertas y ventanas (tengo la cara llena de cicatrices), m...
Esta es una novela contada al revés. Hasta el título está al revés y el final feliz de muchas historias se transforma aquí en un feliz final . Tal vez esta sea una de las pocas historias que realmente tiene un feliz final. Se me ocurre también " El extraño caso de Benjamin Button ", el relato de Francis Scott Fitgerald. Cuántas veces he pensado que la vida debería ser como la de este personaje. Empezar por el declive, por la decrepitud, para ir poco a poco recuperando fuerzas, haciéndose cada vez más lúcido hasta llegar al momento en que se tiene todo por delante. Ya, ya sé que para tener todo por delante habría que caminar de nuevo hacia la decrepitud, pero dejadme soñar. Y es que la única forma de tener un feliz final es terminar por el principio. Los finales no pueden ser felices. Felicidad y final es un oxímoron. El final es el final y los finales, cuando realmente lo son, terminan como ya sabemos y de felices no tienen nada. Las novelas, los cuentos que terminan con...
Difícil se me hace calificar esta novela. Me llev aron a ella un par de reseñas de gente de la que me fío, la preciosa portada años cuarenta en blanco y negro, más bien sepia, y, por supuesto, el título. En G ra n Central Station comenzó mi visita turística a Nueva York, hace ya ocho años. En Gran Central Station se rodó una de las escenas más impactantes del cine neg ro, la caída de un cochecito de bebé rodando por la escalera de la estación, mientras vuelan las balas a su alrededor y un intrépido y eficiente Andy García se lanza a frenarlo con su propio cuerpo antes de que se estrelle , mientras Kevin Kostner contempla alucinado al bebé i leso y sonriente en su interior. Fue en 1987, en " Los intocables de Elliot Ness " de Brian de Palma. Sí ya sé que la escena está copia da de otra muy similar y muy anterior de " El acorazado Potemkin " ( Serguéi M. Eisenstein, 1936) , pero igual me parece una de las escenas más alucinantemente bien hechas d e todos los tiem...
El libro que yo leía tenía la misma imagen pero era una edición más antigua . No sabría decir cuántas veces leí este libro entre los ocho y los trece años más o menos. Desde luego todas las navidades, pero también varias veces más a lo largo del año. Mi madre me la leía antes de saber leer yo misma. Pasaron los años y fui abandonando la costumbre de leer " Mujercitas " y sustituyéndola por la lectura de otras novelas más adecuadas a la edad que iba teniendo. Hace unos años, me dijeron que la versión original de la obra nada tenía que ver con aquella otra, resumida y basada en una película, que yo tenía y que era un volumen de mi madre, de la colección Historias Selección de Bruguera, de esos que cada cuatro páginas tenían una en forma de cómic con un resumen de la historia. La traducción de la versión original es una edición muy bonita de Lumen que contiene las dos primeras novelas de la serie: " Mujercitas " y " Aquellas mujercitas ", obr...
"Quería volatilizarse; quería dispersar hasta la última de sus células, que de ella no encontraran nada. Y como la conozco bien, o creo conocerla, doy por descontado que ha encontrado el modo de no dejar en este mundo ni siquiera una migaja de sí misma, en ninguna parte" . Por eso, con sesenta y seis años, Lila desaparece un día sin dejar el más mínimo rastro de su paso por el mundo. Nada queda en la que fue su casa que la pueda recordar o dar testimonio de que en realidad ha existido. Nada, salvo, por lo que sabemos de momento, su hijo Rino y su amiga Lenù. Esto es lo que nos cuenta la propia Lenuccia, Lenù, en el primer capítulo de la novela, porque se ha dado cuenta de que Lila, por fin, ha materializado sus deseos y se ha volatilizado, y no solo quiere desaparecer ella, sino que quiere llevarse toda la vida que podría dejar a sus espaldas, quiere, efectivamente, dispersarse en todas sus células, dispersar sus recuerdos y, una vez convertido todo en partículas diminut...
A mí me encantaria tomarme una foto en un café de París, mientras leo. Sentirme como del Club de la Serpiente.
ResponderEliminarEs que con lo que tú adoras Rayuela ya estás tardando en ir a París. Por cierto te recomiendo que leas la segunda entrada de este post, la del relato que ganó el famoso concurso. Estoy segura de que te entusiasmará.
EliminarUn beso.