Es que con lo que tú adoras Rayuela ya estás tardando en ir a París. Por cierto te recomiendo que leas la segunda entrada de este post, la del relato que ganó el famoso concurso. Estoy segura de que te entusiasmará. Un beso.
«Sabía que mi prima Carmencita y sus amigas habían sembrado aquella sublevación con alpiste en los bailes del Casino. Sabía que Ricardo y sus amigos la habían organizado en el despacho de mi padre. Sabía que, si triunfaba, se acabarían las mujeres que fumaban y conducían sus propios coches, los poetas guapos y rubios que besaban en la boca a escritoras rubias y guapísimas delante de todo el mundo, los poetas morenos que tocaban el piano, y los dramaturgos de éxito que se emocionaban jugando con unos niños rotos y tiñosos mientras contagiaban sus sonrisas a una cámara» . Ese es el inicio que he escogido para Inés. Ella es la primera que nos habla, que recuerda mientras cocina cinco kilos de rosquillas. Es octubre de 1944 y está en Pont de Suert, un pueblo del pirineo leridano. Desde ahí retrocede en su memoria hasta vísperas del golpe militar de 1936 y recuerda cómo su prima y sus amigas tiraron alpiste a los militares en el Casino para reprocharles su cobardía por permitir que en E...
Con esta lectura cumplo una deuda que tenía pendiente desde muy joven y completo la lectura de todas las novelas de Mario Vargas Llosa. Se trata de un autor que me fascinó con su novela " Conversación en la Catedral ", la primera que leí cuando tenía veinte años. Tanto me gustó que después la he releído dos veces más. A partir de esa novela, fui leyendo toda su narrativa, pero, no sé muy bien por qué, " La ciudad y los perros " se negó a entrarme. La empezaba y era como si ante mí se abriera una inmensa llanura árida y salina, tal el desierto de Atacama, imposible de atravesar. Lo intenté un par de veces más después de la primera y fui incapaz de enfrentarme a tanto chico encerrado en un colegio militar, a esa primera aventura de Cava enfrentándose a sus miedos para robar el examen, dando así comienzo a una historia de niños jugando a ser hombres, con una disciplina propia de hombres, pero con una necesidades y comportamientos propios de los niños que son....
«Enterramos a mi madre con sus cosas: el vestido azul, los zapatos negros sin cuñas y las gafas multifocales. No podíamos despedirnos de otra manera. No podíamos borrar de su gesto aquellas prendas. Habría sido como devolverla incompleta a la tierra. Lo sepultamos todo, porque después de su muerte ya no nos quedaba nada. Ni siquiera nos teníamos la una a la otra. Aquel día caímos abatidas por el cansancio. Ella en su caja de madera; yo en la silla sin reposabrazos de una capilla ruinosa, la única disponible de las cinco o seis que busqué para hacer el velatorio y que pude contratar solo por tres horas. Más que funerarias, la ciudad tenía hornos. La gente entraba y salía de ellas como los panes que escaseaban en los anaqueles y llovían duros sobre nuestra memoria con el recuerdo del hambre» . A pesar del plural en que se conjuga el párrafo anterior, Adelaida está sola. La muerte de su madre la ha dejado en la más absoluta soledad. Ella misma nos lo explica y nos dice cómo si usa el...
[...] la ceniza venía del centro de la tierra. La península había sentido de golpe toda la sangre que iba a recoger durante la guerra que acababa de comenzar y estalló de dolor: sacudió las placas y agrietó su centro geográfico, que se encontraba cerca de Madrid, justo debajo del cerro de los Ángeles. Se tragó todo el monumento al Sagrado Corazón que había erigido allí el exiliado Alfonso XIII —cuyo Cristo había sido fusilado por los republicanos días atrás—. En lo alto del cerro se abrió una sima que descendía hasta el centro del planeta —casi tan grande como la de Jinámar, en Gran Canaria, donde encontraron la muerte cientos de milicianos—, de la que aquella madrugada brotó una inmensa nube de ceniza. Con el paso de los meses, los bordes de la sima crecerían hasta formar el cráter de un inmenso volcán. Pero la erupción no llegaría hasta bien entrado el conflicto porque el volcán estaba aún vacío. No podía expulsar sangre hasta que la tierra no se empapase del todo con ella. Comi...
Ha de decirse, en todo caso, que Silas Weir fue un investigador de lo más inusual, un pionero no solo en el campo de la psiquiatría, sino en el de la ginopsiquiatría, una especialización controvertida incluso ahora; junto con su pariente Medrick Weir, padre fue el cofundador de toda esta rama, que aún se practica, si bien de manera aislada. En algunos círculos, se agraviaba a padre tildándolo de médico depredador de sus (indefensas) pacientes para que su carrera avanzara, así como por motivos más personales y lascivos; pero sigue siendo un hecho que ninguno de los médicos más ortodoxos de su época habría deseado explorar a las personas que solía atender mi padre, véase, a las mujeres, ni siquiera habría intentado «curarlas» de sus males. Pues en el hospital de Trenton, sus pacientes a menudo eran indigentes, «la morralla y la quincalla de la Tierra», como él las llamaba. Eso es lo que leemos nada más empezar el libro, en lo que aparece como Nota del editor , aunque el engaño dur...
«Cada vez que pienso en Kang, aprieto los dientes y reprimo un quejido de dolor; froto la mejilla febril contra la colcha, que noto helada. Él se quedó con todo lo que Inju dejó atrás: sus pinturas, sus escritos e incluso su olor. Como un loco, pasa las noches en vela en ese taller helado. Atribuye la muerte de Inju a un suicidio con una lógica imbatible, convierte su vida en un melodrama y moldea su biografía con palabras como si su espíritu le perteneciera. Todos estarán de acuerdo con lo que diga. Al pasar las páginas de su libro y al mirar las reproducciones de las obras, sentirán compasión y se estremecerán ante esa heroína trágica. Al ver sus ojos tristes en la foto, disfrutarán de una compasión malsana, sentirán una secreta satisfacción. No tengo fuerzas, no tengo fuerzas para frustrar todo esto». Kang es Kang Seogwon, nada que ver con la autora. Al menos, que yo sepa. Kang Seogwon es un personaje de este libro. Un personaje que la narradora, Lee Cheonghee, no conoce de nada ...
«Hace tiempo que nos odiamos. Es mutuo, supongo. A él nunca le he gustado. La diferencia es que ahora, desde que mi madre no está, ya ni siquiera lo disimula. Yo tampoco lo hago, la verdad. Pero por lo menos intento controlarme. Sé que, a las malas, llevo las de perder, porque ser menor de edad limita mucho, así que me trago la rabia y me aguanto. Aunque controlarme me cuesta casi tanto como escribir en esta mierda. Una Olivetti que debería estar en un museo y que, sin embargo, mi padre me obliga a usar cada vez que tengo que entregar un trabajo de clase. Como el que supuestamente estoy escribiendo ahora ¿Que describa cómo es un día con mi familia? ¿Otra vez? [...] Esta vez se supone que nos toca construir una corriente de conciencia, algo que no tengo muy claro en qué consiste y que, según el de lengua, se resume en "dejarse llevar". Lo malo es que, si me dejo llevar, puede que me rinda y acabe estallando. Eso es lo que pasaría, que no contendría ni un minuto más las ganas d...
En 2008 y 2010, respectivamente, leí Estupor y temblores e Higiene del asesino . No me convencieron esos libros y no he vuelto a leer nada de la autora hasta ahora. Los dos libros que traigo hoy aquí, aparecieron en una reseña, también doble, en el blog Marian lee más libros con el que, junto a Los libros de Mava , colaboramos en el Debate a tres . Los temas de ambos libros me resultaron interesantes y, además, el primero, muy intrigante. Decidí seguir los consejos de Marian y de Marianna que hace tiempo que me recomiendan a la autora. Si bien no se ha convertido, ni creo que lo haga, en mi autora favorita, es cierto que estos dos libros me han resultado mucho más amenos e interesantes que aquellos dos que leí hace ya más de quince años y que creo que fue de lo primero que escribió. Las historias me han resultado tan interesantes como prometían, pero sobre todo creo que hay que destacar la prosa de la autora que me ha parecido magnífica. Seguiré indagando en su extensa obra. " ...
Con dos meses de retraso llega al blog " La caída de Madrid " que en mi reto sobre Chirbes estaba programada para junio. No me importa. Los plazos eran aproximados, la prisa no tiene sentido cuando se disfruta y yo a Chirbes lo quiero con calma, degustándolo con pereza, diseccionándolo con placer. En " La caída de Madrid ", continúa avanzando la historia de España en la obra del autor. Si en " La larga marcha " nos despedimos a principios de los setenta, ahora nos recibe en un Madrid frío y lluvioso de finales de noviembre, pero no de un noviembre cualquiera ni en un día cualquiera. Estamos a diecinueve y es 1975. Franco agoniza en su habitación de la Paz y no se sabe si está vivo, muerto o medio muerto-medio vivo. Según como se quisiera interpretar el parte "del equipo médico habitual" que informaba de que "Su Excelencia el jefe del Estado, el Generalísimo Franco, seguía presentando signos de vida" . En este día que precede a un dí...
«Su amor por François y Hélène, sus otros hijos, había evolucionado —los quería como una mujer de setenta años quiere a unos hijos de cuarenta—, pero con el Gordito seguía siendo la joven madre que sufre por su niño tímido, retraído, ansioso, permeable a todas las emociones. "El Gordito es una esponja...", solía decir Louis, su marido, fallecido unos años atrás. Así que, mientras el resto de los asistentes observaban el improvisado escenario, ansiosos por que empezara aquella pequeña ceremonia literaria, ella se esforzaba por ignorar la irritación teatral de su nuera. Y aunque se sentía muy orgullosa de François, el protagonista de la noche, sólo podía pensar: "Que no le haya pasado nada a mi Jean"». Estamos en 1963 y la ceremonia literaria es en honor de François, el mencionado hijo de Angèle. Va a recibir el premio Pont des Arts por su tercera novela, Sin noticias de ti . Toda la familia está allí, excepto Jean, el Gordito, el hijo mayor, que no termina de llega...
A mí me encantaria tomarme una foto en un café de París, mientras leo. Sentirme como del Club de la Serpiente.
ResponderEliminarEs que con lo que tú adoras Rayuela ya estás tardando en ir a París. Por cierto te recomiendo que leas la segunda entrada de este post, la del relato que ganó el famoso concurso. Estoy segura de que te entusiasmará.
EliminarUn beso.