"Canción de Navidad" Charles Dickens
«Marley había muerto. Empecemos por dejar establecido este hecho de un modo incontrovertible. Su partida de enterramiento estaba firmada por el párroco, por el sacristán, por el representante de la funeraria y por el presidente del duelo. Scrooge la había firmado y su nombre era buen aval para cualquier documento en el que figurase.
El viejo Marley estaba pues tan difunto como el clavo de una puerta [...] Personalmente habría dado a un clavo de ataúd la preferencia entre cualquier otra pieza de ferretería, pero, ya que la sapiencia de nuestros antepasados dio por bueno el símil, no serán mis manos pecadoras las que pretendan alterarlo. Así es como se desmoronan los imperios».
Hace cuatro años por estas fechas, colaboré con esta reseña en el concurso de relatos que El tintero de oro dedicó a la novela de Dickens. Hoy quiero volver a compartirla y lo haré sin cambiar nada, salvo alguna frase referida especialmente al concurso.
Ahora no entiendo como nunca fui capaz de leer este libro. Tras leer el comienzo, del que hubiera podido seguir la cita mucho más allá, no entiendo la cantidad de veces que lo empecé sin llegar a pasar nunca de la tercera página. Me encantaba eso de Marley había muerto, pero a partir de ahí, el tedio me invadía por más que mi padre estaba empeñado en que lo leyera. Pero yo tenía ocho años. Fue un regalo de mi tío, el hermano de mi padre, en los Reyes de 1968. Sí, mi padre quería que lo leyera, pero yo tenía entre manos cosas mucho más apasionantes como Verne, Salgari, Stevenson y demás parentela.
Fui incapaz por más que, finalmente, mi padre decidió que leyera una página diaria. Ni eso pude hacer y al cabo de tres días me negué en redondo. Pero aquello de Marley había muerto se me quedó grabado. No me extraña, tantas veces empezado el libro. Por eso cuando hace unos años cayó en mis manos un libro titulado Marley estaba muerto, supe que tenía que leerlo, aunque fuera un libro de relatos. Sobre todo, porque además del título, tan evocador para mí, estaba firmado por el gran Carlos Zanón del que ya había leído con entusiasmo, Yo fui Johnny Thunders.
Y han tenido que pasar... me da pereza hacer la cuenta. Han tenido que pasar decenios, vidas, demasiado tiempo (el mismo que ha dejado las manchas en la portada de mi libro), para que ahora, me haya decidido por fin a leer el Cuento de Navidad.
Otra de las cosas que se me quedó grabada de aquellos intentos de lectura infantiles fue el precioso nombre de su protagonista: Ebenezer Scrooge. No sé bien cómo se pronunciará en inglés, pero así, sin más, tal y como se escribe, suena genial, Ebenezer Scrooge. Cuando empieza el libro, se deja bien claro que Marley está muerto. No vaya a ser que alguien lo dude y se le quite misterio a su aparición esa noche en el dormitorio de Scrooge. Marley había muerto, exactamente esa noche de la víspera de Navidad, hacía ya siete años. «Y Scrooge, que era un excelente hombre de negocios, no permitió que el dolor de perder a su compañero fuera obstáculo para realizar, en el mismo día de sus funerales, un indudable buen negocio». Y es que Scrooge, como también le pasaba a Marley, era un hombre egoísta y despiadado. Lo único capaz de conmoverlo era el buen resultado de una transacción, el dinero ganado, la buena marcha de su oficina.
En esta víspera de Navidad recibirá la visita de su sobrino que le invitará a pasar el día siguiente en su casa para celebrar la fiesta en familia, cosa que rechazará de malos modos a pesar de la paciencia y buen talante del joven; echará un rapapolvo a su empleado por pretender tomarse el día libre y le acusará de perjudicar el negocio. Cuando el empleado aduce que tan solo sucede un día al año, le responderá airado: «¡ Liviana razón para desvalijar a un ciudadano por ser el veinticinco de diciembre! [...] En fin, tomad todo el día; pero, pasado mañana, procurad ganar el tiempo perdido»; dos hombres apelarán a su «largueza», en días tan señalados, para socorrer a tantos pobres necesitados de todo en los crudos días del frío invierno a los que Scrooge responderá preguntando si ya no hay cárceles ni asilos.
De forma nada sutil, pero sí con ironía y humor, nos introduce Dickens ya en el primer capítulo en el carácter huraño, egoísta, tacaño y gruñón de Ebenezer Scrooge. Características, por otra parte, que compartieron ambos socios cuando Jacobo Marley aún estaba vivo. Y fue Jacobo Marley quién se le apareció esa noche en su alcoba tras una cena frugal en su fría y oscura casa. Y es que el frío y la oscuridad no cuestan dinero. Tampoco los espectros cuestan dinero. Tal vez por eso permitió Scrooge, a pesar del susto inicial, que el espectro de Marley se le apareciera esa noche. No es que creyera mucho en espectros, como le confesó al propio Marley. Scrooge no cree en nada inmaterial, tan solo las ganancias, que se tocan y se cuentan, son capaces de conmover sus creencias. Pero igual se vio metido en una curiosa conversación con el fantasma de su antiguo socio. Éste, que arrastra una larga cadena, le augura a Ebenezer Scrooge que la suya es aún más larga y pesada. Ahora sí parece que el desaliento se apodera de Scrooge. Pero Marley le da una esperanza.
«-Tres espíritus se os aparecerán-resumió el Espectro.
Scrooge se quedó casi tan boquiabierto como su interlocutor.
-¿Es esa la posibilidad que mencionasteis? - preguntó con trémulos acentos.
-Esa es.
-Entonces... entonces, prefiero no aprovecharla.
- Sin sus visitas -dijo el Espectro-, no podéis tener esperanza de eludir la senda que yo sigo. Cuando la campana dé la Una, esperad la primera.
-¿No podrían venir las tres juntas y acabar de una vez, Jacobo?-insinuó Scrooge».
Ni ante el anuncio más terrible, la visita de tres espíritus, prescinde Dickens del humor. Y vienen los tres espíritus que todo el mundo conoce, aunque no haya leído el cuento. El espíritu de las Navidades que Fueron, el de la Navidad Actual y el de las Navidades Futuras. Y Ebenezer visitará su pasado y verá sus navidades felices de niño, adolescente y joven. Y verá en el presente la felicidad de los demás y cómo se compadecen de él por no saber disfrutar de lo que a todos les hace tan felices. Y se dará cuenta de que tanto en el pasado como en el presente, el secreto de la alegría está en el compartir; compartir alegría, compañía, alimentos.
Pero lo peor vendrá en el futuro: tristeza, soledad, un muerto al que nadie acompañará en su sepelio y del que nadie llorará la pérdida. Todas las terribles consecuencias de haber sido un ser miserable y amargado; una condena tan terrible como la cadena que arrastraba Marley y que él mismo arrastrará de convertirse en un espectro. Pero no ha sido más que un sueño. En la mañana de Navidad, Ebenezer Scrooge despertará en un día luminoso en el que todo habrá cambiado.
| Charles Dickens |
Parece ser que Dickens escribió este cuento como una historia para aplicarse a sí mismo, una especie de revulsivo que lo sacara del mundo del éxito y la autocomplacencia en el que había caído. Las navidades pasadas reflejan en parte su propia infancia y juventud.
Con este Cuento de Navidad se inaugura un género, el de los relatos navideños, que el propio Dickens seguiría practicando. De hecho en mi ejemplar de El Círculo de Lectores aparecen también El grillo del hogar y Las campanas, que aún no he leído, pero tengo intención de hacerlo. Pero además de iniciar un género literario puede que también sea el artífice de un nuevo concepto de Navidad, del Espíritu Navideño tal como lo conocemos; ansias de paz, amor, solidaridad. Ese espíritu navideño que ya solo persiste en el recuerdo en un mundo en el que ha sido sustituido por el espíritu del consumismo, el gasto desmesurado, la ingesta más que excesiva, las indigestiones, las discusiones familiares.
Tal vez por todo eso, leer ahora Cuento de Navidad ha sido doblemente gratificante. Me ha parecido una joya. Lleno de espíritu navideño, pero totalmente carente de la ñoñería que a veces acompaña a libros y películas sobre el tema. Todo lo contrario, ironía, crítica a situaciones del momento y unos personajes, fantasmas y de carne y hueso, inolvidables.
Marley había muerto, pero Ebenezer Scrooge se ha salvado por los pelos de terminar como él.
Título del libro: Canción de Navidad
Autor: Charles Dickens
Nacionalidad: Reino Unido
Título original: Being a Ghost Story of Christmas (conocido como A Christmas Carol)
Nacionalidad: Reino Unido
Título original: Being a Ghost Story of Christmas (conocido como A Christmas Carol)
Traducción: M. Vallvé
Editorial: Círculo de lectores
Año de publicación: 1962
Año de publicación original: 1843
Nº de páginas: 112

Hola! Nunca he leído nada de Charles Dickens pero por tu reseña puede que este sea la primera historia con la que me aventure.
ResponderEliminarGracias por compartir, saludos! ♥
Este relato es fantástico. Yo leí unas cuantas novelas de Dickens en mi adolescencia, pero hacía muchos años que no me acercaba a sus letras y esta lectura me ha gustado mucho.
EliminarUn abrazo.
Hemos coincidido hoy con el mismo libro. Pero ¿qué mejor que esta historia para celebrar el comienzo de la Navidad?
ResponderEliminarFeliz Navidad :))
Es casualidad, aunque no tanto, porque, como dices, es una buena recomendación para estas fechas. Yo he rescatado la reseña de una que tenía escrita hace unos años, también por Navidad.
EliminarUn abrazo.
Hola, Rosa.
ResponderEliminarYo también tardé mucho en conectar con Dickens y su cuento pero la verdad es que cuando te entras, es increíble. Además de todo lo que representa dentro de la literatura. Me gusta ver la película todos los años, la de animación de Disney es mi favorita.
Besos
Yo nunca he visto una película ambientada en esta historia, pero hay una de Robert Zemeckis que es la que más me apetece. Igual miro a ver si está en alguna plataforma. Me gusta tanto el libro que no sé si no me decepcionará demasiado la peli. Por eso no he puesto mucho empeño en ver adaptaciones.
EliminarUn beso.
Me ha encantado tu historia personal alrededor del libro de Dickens, con el vivo interés de tu padre porque lo leyeras, y como se ha ido transformando el significado del libro con tu trayectoria vital; de niña a adulta, eso siempre me fascina.
ResponderEliminarSí, Rosa, la Navidad va perdiendo su esencia para convertirse en un gran evento comercial.
Cuidaos, y feliz Navidad.
Lo mismo te deseo, Paco. Es una novela preciosa, pero entiendo que hay que tener una edad para poder apreciarla.
EliminarUn beso.
¡Hola! Como bien dices, este libro es una joya, que todos deberían leer. A mi me encantó y he disfrutado mucho de leer tu reseña. Espero pases una maravillosa navidad y que el próximo año te traiga muchas alegrías. ¡Un fuerte abrazo a la distancia!
ResponderEliminarUna joya, efectivamente. Ya pasó la Navidad, pero llego a tiempo de desearte un feliz año nuevo.
EliminarUn beso.
¡Hola Rosa! no me extraña que te haya parecido una joya, Dickens es de los buenos, aunque siempre tenido la duda de si Cuento de Navidad debían leerlo los chiquillos, algún padre en la biblioteca me comentó que sus hijos se habían aburrido con el relato. Me encanta el empeño de tu padre.
ResponderEliminarA mí también me pasó de niña comenzar algo que mi madre quería que leyera y no ser capaz, eso de tantos comienzos (a veces pienso que ahí ya se gestaba mi actual tendencia al abandono, jeje)
Sin duda un relato con mucha moral, con moraleja y mensaje enriquecedor
Aprovecho para desalarte por aquí ¡Felices Fiestas navideñas!!!
Un beso.
No, esta novela no es para niños. Leí tochos muy gordos y con letra pequeña siendo muy niña, pero eran libros de aventuras. Éste requiere un poco más de edad y madurez para poder apreciarlo.
EliminarLo empecé y lo abandoné muchas veces, pero no me quedó la costumbre de abandonar. De hecho, hasta hace poco tiempo me costaba muchísimo abandonar un libro. Ahora lo hago sin problemas, pero me ha costado lo mío.
Un beso y feliz año ya que no llego para felicitar la Navidad.
Paso rápido sin leerte (aunque leí la reseña en su día) tan solo a desearte una muy Feliz Navidad y un más aún feliz año 2026.
ResponderEliminarUn besazo
¡Lorena! Qué alegría saber de ti. Llego tarde a felicitarte la Navidad (ayer hice de anfitriona y estuve muy liada), pero te deseo un buen año 2026.
Eliminar¿Qué tal te va todo?
Un beso muy fuerte.
El cuento de Navidad por excelencia. Una joya, auténticamente. Yo no sé las veces que lo puedo haber leído y me sigue emocionando. Muy buena idea rescatar esta reseña, Rosa. Un beso y feliz Navidad.
ResponderEliminarPues yo de momento sólo le he leído una vez, pero espero repetir. Ando tan mal de tiempo y de ganas de escribir que igual recupero alguna reseña más en estos días.
EliminarUn beso y feliz 2026 para ti, que a la Navidad no llego.
Estaba pensando en llevar a mi nieto de 5 años a ver una representación de Cuento de Navidad, pero tras leer tu reseña y el comentario de Marian he de idido queno. Dejaré que pasen unos años; a veces los adultos matamos la afición literaria por anticiparnos al momento evolutivo de los peques. Es lo que veo que te pasó a ti siendo niña.
ResponderEliminarDickens es muy buen escritor y Cuento de Navidad una joyita, pero hay que leerlo con el juicio bien formado.
Bueno, Rosa, que sigas pasando unas buenas navidades.
Un beso
Si la representación es de marionetas o algo muy adaptado a niños puede estar bien, pero si es en plan más fiel a la novela o más serio, mejor déjalo unos años. Hay una película de la productora de Disney que debe mezclar animación con personas reales, pero aun así para cinco años me parece prematuro.
EliminarUn beso y disfruta de las fiestas que aún quedan y del nuevo año que se acerca.
Sin duda es una gran lectura para las fechas en las que estamos, es posible que me haga con él y lo relea porque lo leí de jovencita, tendría como catorce o quince años, de esos que también se empeño mi madre en que tenia que leer, yo como tú tenia unos padres muy insistentes en que leyera ciertas novelas, y muchas de ellas me han encantado.
ResponderEliminarY si la Navidad se ha vuelto mas consumidora que otra cosa, se perdió ya hace tiempo ese espíritu que la rodeaba cuando yo era pequeña, donde toda nuestra ilusión era ir al mercadillo navideño y comprarnos una zambomba y una pandereta y junto con mi abuela paterna, cantar villancicos junto al Belén, ahora todo es comer, y hacer ostentación de que quien a comido y bebido más estos días que de otra cosa, y sinceramente me da pena que los niños pequeños no tengan esa ilusión que tenía yo en mi casa.
Un beso y te deseo un buen 2026
Todo gira en torno a la actividad económica. En mi casa cada vez hemos ido cortando más todo eso. Para los regalos navideños hacemos amigo invisible, así solo hay que comprar un regalo cada uno; la comida la hacemos sencilla y comemos cosas que están a precios razonables. Lo mismo se puede comer un mes después a menos de la mitad y no hay que comer langostinos en navidad habiendo tanto año para hacerlo, pero sí, hay gente que se siente obligada a gastarse lo que no tiene.
EliminarLeer es algo que tiene que ser agradable y obligarte a algo que no te gusta puede terminar con la afición del más entusiasta. Mi padre quería que lo leyera, pero tampoco se empeñó más allá de lo razonable. Desde luego, no fue capaz de quitarme el vicio de la lectura.
Un beso y feliz año también para ti.
Hola Rosa, junto a David Coperfield y El grillo del hogar fue de lo primero que leí de Dickens y me aficionó al autor. Para mí es de esas historias, para jóvenes y adultos, que te hacen recordar que es lo importante de la vida y en qué cosas poner o no tu corazón. Hace años que no la releo en Navidad y este año ya no será, quizá el próximo, pero siempre me traerá buenos recuerdos. Besos.
ResponderEliminarEs un relato preciosos en el que todos los personajes, incluso Scrooge, producen mucha ternura. Sólo lo he leído una vez, pero me encantó. Tampoco fue esta mi primera lectura del autor y, de hecho, tardé mucho en hacerla, pero fue toda una experiencia cuando finalmente lo hice.
EliminarUn beso.