Dos escritores y una provincia.

 

Esta es una iniciativa del grupo de Facebook Tarro-Libros 2026 para celebrar el Día Internacional de los Escritores y Escritoras que se celebra el 3 de marzo. La propuesta de Carmen, la administradora del grupo, es buscar alguna conexión entre nuestro lugar de origen y algún escritor o escritora, vivo o muerto. Dicha conexión puede ser cualquiera, «que haya nacido allí, que una de sus obras esté situada en tal lugar, que haya estado de viaje por la zona, … cualquier dato o anécdota (cuanto más original y desconocida, mejor) que vincule a nuestra tierra con él o ella o su obra», según nos dice en la convocatoria la propia Carmen. Yo he elegido a dos autores, uno vivo y uno muerto. Ambos tienen relación con mi provincia, León, y tienen una relación entre ellos que paso a contaros.


Julio Llamazares  nació en 1955 en el desaparecido pueblo de Vegamián, donde su padre era maestro. Este pueblo, como otros muchos de la provincia de León, quedó inundado por las aguas de un embalse. Era 1968 y el embalse, el del Porma. Posteriormente vivió en pueblos mineros de la provincia, siempre en zonas de montaña, hasta que se trasladó a León capital para estudiar Derecho. Y fue por esa época cuando tuve mi primer contacto con él. O más bien con sus letras. Sería 1976 cuando cayó en mis manos un librito de poesía en el que había poemas de cuatro jóvenes leoneses. El libro se titulaba Barro y el autor más sobresaliente era un tal Julio Alonso Llamazares. Después me lo señalaron en el Barrio Húmedo y así supe de su físico y empecé a reconocerlo por los bares de barrio donde era bastante asiduo. 

Años después, abandonado ya el Derecho y dedicado al periodismo, colaboró en la revista Ceranda, que dirigía Manolo, la pareja de una prima mía. De esa experiencia dice el escritor en una entrevista en Zenda:  «Nombraría también a un periodista que fue el que me dio la primera oportunidad, que se llama Manolo Nicolás». Por aquellas fechas publicó El entierro de Genarín, su primera obra en prosa, y después vendrían todas las demás. Este libro revivió la tradición, perdida durante años, de dicho entierro que se celebra la noche de Jueves Santo y es la procesión más golfa y profana de toda la Semana Santa. 

Juan Benet nació casi treinta años antes que Julio Llamazares, en 1927, y lo hizo en Madrid. La relación con León y con Julio Llamazares, viene del trabajo como ingeniero de Benet. Ya en los años cincuenta había vivido en Ponferrada, donde realizó algunas obras hidráulicas, pero es entre 1961 y 1965 cuando trabajará en la presa del río Porma que inundaría y sepultaría bajo las aguas varios pueblos, entre ellos Vegamián, el lugar de nacimiento de Llamazares. Fue durante esta estancia en la provincia de León cuando comenzó su famosa novela Volverás a Región, que no he leído porque en este caso los prejuicios han podido conmigo. Los embalses de mi tierra tienen un doloroso significado para mí desde que tomé parte activa en la lucha contra el embalse de Riaño que perdimos definitivamente en 1987 con la voladura del pueblo y la inundación del valle. No he sido capaz ni de intentar leer esa novela a pesar de que el mítico paraje de Región debe referirse a alguna zona de la provincia de León, ¿el Bierzo?, ¿el valle del Porma? 

La iglesia de Vegamián mientras el agua la va cubriendo

Muchos años después Juan Benet y Julio Llamazares llegaron a coincidir en la noche madrileña y llegaron a hablar y a discutir, pero no llegaron a ser amigos. Tampoco enemigos. Benet declaraba que su intención era repartir el agua, un bien imprescindible tan mal repartido en nuestro país entre unas regiones y otras. Deseos loables, pero como apuntaba Llamazares, en su libro Distintas formas de mirar el agua«Es moralmente intachable en cuanto que propone el reparto entre los españoles de un bien escaso como es el agua…» algo que a él le parecería muy bien «si, a cambio de ello, las regiones productoras de otros bienes precisamente por su situación geográfica también los repartieran con las que les dan el agua, algo que hoy por hoy no sucede».

En una de aquellas noches Juan Benet le reprochó a Julio Llamazares sus quejas ya que según Benet, Llamazares era escritor gracias a él. Éste se lo tomó como un insulto y le debió de responder con algún exabrupto similar. Posteriormente el autor leonés ha reconocido que terminó por darle la razón al madrileño: «en efecto, yo era escritor gracias a su intervención, al desgarro que ésta comportaría en mi vida, a la sensación de pérdida y desarraigo que siempre me acompañaría ya y que impregna todo lo que escribo».

Dejo dos muestras de la poesía de Julio Llamazares, la primera de La lentitud de los bueyes (1979) y la segunda de Memoria de la nieve (1982). En ambas se perciben el desarraigo y la pérdida.

Cuando vuelvas a casa, te explicaré el sonido del sol entre los fresnos y el sabor de los panes más antiguos.

Te llevaré en silencio hasta un lugar de brezos.

Te mostraré la gruta helada del deseo donde se esconden treguas verdes y hogueras esparcidas, y tú serás, bajo mi vientre, como sangre mordida.

Entonces, desgranaré en grumos azules el silencio.

Mi voz es vieja (y tú lo sabes) como campana colgada del vacío. Mas no hallará paredes despobladas donde ocultar sus ecos más profundos, ni habrá viñas agraces sembradas en su asombro.

Porque, ya para entonces, la mansedumbre habrá brotado como vinagre vertida sobre el sueño, y no habrá quien reclame los surcos desolados de tu ausencia.

Cuando vuelvas a casa, te explicaré el rumor de las ortigas en la sangre.




Adoraron al sol, sacrificándole las yeguas más fecundas en fiestas solsticiales.

Y el sol pintó sus frutos de granates y les dio a sus cabellos el brillo del centeno.

Dieron culto a las diosas melancólicas del agua, arrojando a los ríos raíces de beleño y plumas de urogallo.

Y el agua llenó sus tierras de verdura, de bosques obsequiosos y solemnes.

Bajo la luna llena, en torno a las hogueras, danzaron elevando sus flautas y sus brazos hacia el cielo.

Y la luna otorgó a sus canciones el sonido sagrado de la plata.

Ofrecieron al dios de las montañas ramas de acebo y angustia de campanas.

Pero la nieve siguió cayendo mansamente y sepultó su memoria para siempre.

Comentarios

  1. ¡Buen aporte Rosa!😊
    Seguimos leyéndonos en el grupo de Tarro-libro 🤗
    Yolanda Jiménez.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Yolanda. Me alegro de que te haya gustado. En Tarro-Libros nos vemos.

      Eliminar
    2. Muy bonito, ya que somos del mismo lugar, me han venido muchos recuerdos.
      Por lo demás lo has hecho de película. Enhorabuena por tu blog.

      Eliminar
    3. ¿Eres de León? No tenía ni idea. Muchas gracias. me alegro de que te guste el blog.
      Un beso.

      Eliminar
  2. Hola, Rosa. Una iniciativa muy chula, esta de Tarro de libros y dos grandes escritores, los que has elegido. A Llamazares lo he leído pero a Benet no, es algo que tengo pendiente. Me ha gustado conocer lo que cuentas en esta entrada y la relación de ambos con León. Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No dejo de pensar en Benet y su Volverás a Región como una de mis asignaturas pendientes. Su fama y prestigio tienen que ser fundados y siento que me pierdo algo. Cualquier día me da por ahí y lo intento.
      Un beso.

      Eliminar
  3. Buenas tardes, Rosa.
    Qué entrada tan bonita y entrañable. Me parece una iniciativa maravillosa la que ha propuesto Carmen. Mi enhorabuena a ella, y a ti por tu texto, por supuesto. De hecho, me ha llegado al corazón porque conozco muy bien el Bierzo, ya que mi familia es de orígenes maragatos.

    Un abrazo, y feliz comienzo de semana!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Undine.
      Sí, es una iniciativa interesante de la que pueden salir cosas muy majas. Benet por el Bierzo construyó algunos canales, pero su obra magna (magnamente terrible) fue esa presa del río Porma que inundó seis pueblos al completo y dos parcialmente. Y no eran pueblos miserables. Eran pueblos que vivían muy bien de la ganadería. Por desgracia, en León los embalses destruyeron los valles más ricos.
      Un beso.

      Eliminar
  4. Preciosa entrada, Rosa. Me ha encantado leerte. Comprendo tus prejuicios… Me sucedería igual, pues recuerdo bien a Riaño.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Quién eres? Lo de Riaño fue un trauma para todos los que intentamos parar el cierre de la presa y la inundación del valle. Creo que fuimos muy ingenuos.
      Un beso.

      Eliminar
  5. ¡Hol Rosa!
    entiendo perfectamente tu enojo con el tema y me parece una iniciativa muy curiosa la que se plantea, mucha vuelta tendría yo que darle a la cabeza para encontrar ese tipo de relaciones o conexiones entre mi lugar de origen y escritores. También me parece curiosa esa relación entre ambos escritores y esos encontronazos. Por cierto, que no entendí del todo porque Llamazares fue escritor gracias a Benet ¿por el tema de las presas y pantanos y que Benet era ingeniero, sus obras hidráulicas y lo del Río Porma?
    Te cuento que yo intenté leer algo de Llamazares, creo que una de sus obras mas conocidas, pero que la abandone en su día, no me enganchó y eso que sí recuerdo haber pensado que escribía muy bien. A Benet casi ni le conocía, ni como ingeniero ni como escritor
    Muy chula tu entrada...
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En León surge mucho escritor. Siempre ha sido así. Recuerdo una novela de Vázquez Montalbán (lo que no recuerdo es la novela concreta que era) en la que se bromeaba con "los escritores leoneses". Ahora estoy un poco desinformada con los nuevos, pero durante mi veintena y mi treintena los tenía más controlados: Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio, José María Merino, Julio Llamazares, Josefina Aldecoa... No todos nacieron en León, pero sí que pasaron parte de su infancia allí. ¿Por cierto, que no sé cuál es tu lugar de origen. ya veo que no es Madrid porque allí no hay problema para encontrar escritores.´
      Julio Llamazares escribe muy bien. Se nota su origen en la poesía aunque después se ha dedicado sobre todo a la prosa.
      Imagino que con lo de que es escritor gracias a Benet, Julio Llamazares se refiere a que esa pérdida de los lugares de su origen, esa nostalgia y desarraigo han influido en su necesidad de comunicarse por medio de la literatura. Sus poemas, y los dos que dejo son buena prueba, muestran todos esos sentimientos de pérdida.
      Un beso.

      Eliminar
    2. Yo soy Valenciana (de ahí mi nombre, María Amparo, aunque nadie me llama así), viví allí hasta los tres años, pero luego mis padres se vinieron para Madrid. Aunque te cuento que me considero más madrileña que valenciana, la verdad, por más que sigo teniendo mucha familia allí

      Eliminar
    3. Pues fíjate que no tenía ni idea. A Valencia le dedica la iniciativa Sara Mañero, otra perteneciente al grupo y escritora ella misma, que también es de allí. Ella habla de tres Vicentes escritores del lugar o muy relacionados con él: Vicente Aleixandre, Vicente Blasco Ibáñez y Vicent Andrés Estellés. Y recuerdo haber empezado una serie policíaca ambientada en Valencia, pero ahora no recuerdo al autor.
      Más besos.

      Eliminar
  6. Estas curiosidades y coincidencias que se dan muy a menudo, vale la pena darlas a conocer, especialmente si sus protagonistas son o han sido famosos.
    El agua siempre ha sido motivo de disputas, tanto a nivel local como general. Resulta muy triste ver cómo desaparece un valle y un pueblo sumergido bajo las aguas que, a pesar de los pesares, nos darán de beber y darán riego a los campos que más la necesitan.
    Y en cuanto los prejuicios que mencionas para no leer la obra de Benet, te entiendo perfectamente, pues en más de una ocasión yo también he manifestado mi negativa a leer las obras de personajes, aun siendo célebres, que me caen fatal, por su ideología o por su vida pública, aunque muchos me hayan dicho que hay que separar al personaje de su obra.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo soy de las que suelen separar el personaje de la obra y he leído novelas maravillosas de autores que en principio me caen mal por diferentes motivos. Pero con Benet no he podido. Hubo muchos años en que sólo leía a autores de su época o del XIX y fue cuando me pilló lo de Riaño en pleno apogeo. Empiezo a pensar que va siendo hora de leerlo ahora que aquello ya se curó (más o menos). Tampoco sé si seré capaz de leerlo porque, prejuicios aparte, debe de ser un tanto complejo y dificultoso de leer. hay dificultades que me atraen y me compensan mucho, pero otras se me hacen bola. No sé de qué tipo será Benet.
      Un beso.

      Eliminar
  7. ¡Hola! Muy linda iniciativa, ya que así, podemos conocer datos interesantes de autores, que muchas veces desconocemos. Si yo tuviera que escribir sobre un autor de mi ciudad, sin duda sería Mario Vargas Llosa, quien cuenta con una obra maravillosa y bastante conocida. Justo ayer pasé por el colegio que nombra en Los cachorros y me acordé de él. Espero tengas un lindo día. ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Menudo escritor de lujo para acompañar a una ciudad. Ya sabes que me encanta y que alguna de sus novelas como Conversación en la Catedral o La ciudad y los perros siempre estarán entre mis favoritas de todos los tiempos y en lista de posible relectura. Qué pena que no estés en el grupo para que hubieras participado. Me hubiera encantado leer lo que tuvieras que contarnos.
      Un beso.

      Eliminar
  8. Qué gusto leerte! De Llamazares he leído ‘La lluvia amarilla’ (quizá deba releerla), de Benet nada… por ahora. El tiempo le pondrá remedio, o eso espero. En cuanto a los embalses, he de reconocer que me producen una onda tristeza. Tengo cierta tendencia a mirar atrás- pasado, historia- con cierta nostalgia y los embalses son un claro reflejo de ese pasado… hundido y olvidado. Lo dicho, Rosa, un placer. Muchas gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti, Carmen, por esta genial iniciativa que me ha permitido hacer esta comparación y relación entre escritores y mi ligar de origen. Fíjate que he bajado de la estantería de antiguos Volverás a Región porque aunque nunca lo he leído, en su día lo compré en una colección de El Mundo. Espero poner remedio yo también. De Julio Llamazares he leído mucho más. Te recomiendo su poesía. No entiendo mucho, pero a me encanta.
      Los embalses... poco puedo decir. Aún procuro no tener que pasar por Riaño. Me duele demasiado.
      Un beso.

      Eliminar
  9. Saludos, Rosa.
    Me ha encantado esta entrada tuya. La conexión establecida entre esos dos escritores me ha parecido tremendamente curiosa, y el hecho de que años más tarde del suceso llegasen a coincidir e interactuar revela esa frase que, aunque manida, en no pocas ocasiones no deja de ser cierta: "El mundo es un pañuelo".
    En cuanto a los prejuicios a la hora de afrontar la obra de alguien que te cae mal, por lo que sea, en mi caso he de decir que he logrado superar esos prejuicios en contadas ocasiones. Aún hoy me sigue pesando la pasión, y si algo no me convence no hay manera.
    Un beso, Rosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es curiosa, sí, esa coincidencia de los dos escritores y las circunstancias en que se da: un autor, el hecho de que desaparezca bajo las aguas el pueblo en el que ha nacido y otro autor que con su profesión hizo posible la inundación. Y sí, ambos amantes de las noches madrileñas llegaron a coincidir y a tener sus más y sus menos.
      Yo suelo separar autor y obra y he leído con gusto novelas de autores que no me caen muy bien, aunque he de admitir que cuando empecé a leerlos no sabía mucho de su forma de ser o bien ellos mismos cambiaron después. Digamos que el hecho de que me cayeran mal fue posterior a admirarlos como autores. También te diré que hay por ahí algún autor que me cae bien, pero con cuya obra no puedo.
      Un beso.

      Eliminar
  10. Hola Rosa, una iniciativa estupenda, yo no he podido participar porque estaba de viaje. Me encanta Llamazares, al que conozco porque viene bastante a Gijón a presentar sus novelas, pero nunca había leído su poesía, solo prosa. En cuanto a Benet leí Volverás a Región de muy jovencita y no lo recuerdo muy bien, ahora no sé si conectaría con él. En cuanto a separar autor y obra, yo con algunos lo he conseguido y con otros, no. Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como digo, a Llamazares lo conocí como poeta en una época en la que yo leía mucha poesía y me encantó. Después empezó a dedicarse a la prosa y tan solo tiene dos libros de poesía publicados (aparte de aquel con el que lo conocí, Barro, junto a otros poetas leoneses). Quiero intentar leer Volverás a Región, como le digo a Carmen, lo he bajado de la estantería en la que estaba, una alta en la que tengo libros antiguos sin leer. A ver si finalmente cambia de sitio o vuelve al mismo.
      Un beso.

      Eliminar
  11. Una iniciativa muy chula. Y traes dos autores a los que no he leído. Y admito mi ignorancia y ni siquiera sabía que Benet era ingeniero... Entiendo totalmente tus prejuicios. Yo también los tengo con algunos autores, a veces intento superarlos, otras ni lo intento...
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo suelo superar eso prejuicios, pero a veces me cuesta. te confesaré que con Benet también ha influido el que, por algo que he leído o me han dicho, percibo que es un autor difícil. A ver si lo compruebo por mí misma. De Benet no puedo decir nada, pero de Llamazares diré que todo lo leído, relatos, novelas, ensayos, libros de viajes, poesía... me ha encantado.
      Un beso.

      Eliminar
  12. Hola, Rosa.
    Cuando era pequeña pensaba que esos pueblos se inundaba con la gente dentro y la gente que protestaba en contra eran familiares o supervivientes. Tiene que ser de todas formas un dolor muy grande y se entiende que te afecte ese tema. Me pasa lo mismo con otros.
    Me ha parecido muy interesante la historia que nos has contado, peculiar también.
    Genial. Y muy original la idea de Carmen.
    Besotes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, Norah, eso ya sería el colmo de la crueldad. Ya me parece muy cruel que te inunden el pueblo, que tengas que trasladar a los muertos del cementerio, ver cómo tu iglesia (y eso que no soy creyente) se pierde bajo las aguas o, como sucedió en Riaño, se desploma bajo una carga de dinamita controlada. Yo de pequeña también tenía ideas raras. Tan solo recuerdo una en este momento: pensaba que todos los hombres que iban a la guerra en realidad iban a que los mataran. Vamos que me los imaginaba ejecutados, no caídos en combate y no se salvaba ni uno. Bendita infancia, ja, ja.
      Un beso.

      Eliminar

Publicar un comentario

Con tus comentarios reflexionamos, debatimos y aprendemos más.

Lo más visto en el blog este mes

"Terra Alta" Javier Cercas

"Mujercitas" Louisa May Alcott

"La ciudad y los perros" Mario Vargas Llosa

"La península de las casas vacías" David Uclés

"La luz difícil" Tomás González

"La amiga estupenda" Elena Ferrante

"Tan poca vida" Hanya Yanagihara

Cuidado con lo que odias

"En Gran Central Station me senté y lloré" Elizabeth Smart

"Feliz final" Isaac Rosa