"El enamorado de la carta rosa" Pedro Saugar Segarra


«El tiempo, el tiempo. El puñetero paso del tiempo. Los tres sentían, sin saberlo, o, tal vez, sin querer saberlo, que alguien les había robado el tiempo. Y que el ladrón permanecía al acecho, jugando con ellos al gatorratón, burlándose. A su manera, Bienvenido era el más dado a verbalizarlo, y, sin duda, el más expresivo, con ese ¡putavida! [...] Silviaterremoto, sin embargo, era más propicia a la recaída nostálgica y melancólica, como cobijándose indefensa entre las brumas aún sin disipar de su adolescencia; [...] Pero solo Capone se atrevió a enfrentarlo, envalentonado, con el coraje suicida del que nada tiene que perder pues nada tiene, joder, menos mal que me he dado cuenta, ya está bien de vegetar, total a qué esperar, a que mañana me entierre algún bicho del demonio».

Bienvenido Bermúdez de Castro, Silviaterremoto y Alfonso Chinchurreta, alias Capone, tres personajes que vertebran esta novela. Ellos, más los respectivos grupos de amigos o colegas. Y sin olvidar a Gimena Salcedo Cañas. Estamos en mayo de 2020 y por fin se puede acudir a los bares y sentarse en la terraza tras el confinamiento que desde el 14 de marzo nos tuvo a todos encerrados en casa. Gimena ha abierto su bar, el Pelusa, el mismo día en que cumple cincuenta años y en su terraza se juntan los habituales y algún extraño que pasaba por allí. Pero son esos habituales los que centrarán la historia. Y la historia tiene lugar en una ciudad llamada Contrebia que cuesta poco relacionar con la Cuenca natal del autor, «[...] la calle Mayor, las marquesinas de madera serrana o incluso, apurando, [...] las propias Casas Voladas, el emblema turístico de Contrebia».

Bienvenido lidera la mesa de los jubilados. Capone se ha incorporado recientemente, después de las navidades, a la de los garramantas, un grupo de poetas que se autodenominan la tertulia de Pombito, y Silviaterremoto es el centro de la mesa de unos jóvenes casi recién salidos de la adolescencia. Tres grupos de personajes que protagonizan los capítulos pares, titulados con una cita literaria, en letra cursiva y narrados en tercera persona por un narrador omnisciente. Los capítulos impares, por su parte, tienen los títulos en letra de molde, relativos a lo que se cuenta (Ese momento que nos cambia la vida, Lo embarazoso de planear tu futuro etc.). Los narra Gimena en segunda persona dirigiéndose al que sucesivamente ha sido novio, marido y padre de sus hijos, Benito Luján Cedeño. Un marido que está ausente, en algún sitio que terminaremos por descubrir.

«No sé, a veces tengo la sensación de que no existes. De que te he creado porque te necesito. Porque si no me volvería loca. si es que ya no lo estoy. Porque ni quiero ni puedo renunciar a la Gimena Salcedo Cañas que me prometí ser contigo. Ni al Benito Luján Cedeño que un día estaba segura que llegarías a ser para mí.
Tan segura como que no había otra persona en el universo.
Solo tú.
Siempre».

Tanto en unos capítulos como en otros iremos del presente al pasado, conociendo las historias antiguas de los personajes a la vez que el desconfinamiento va avanzando. Y en ese presente es cuando de pronto aparecen unas cartas rosas que alguien le dirige a Gimena. Son cartas de amor que pasan a ser motivo de intriga para todos y el argumento central del grupo de jóvenes en la historia por entregas que lanzan cada día en las redes y que titulan HPP, Historias de la Puta Pandemia. ¿Quién es el enamorado de Gimena? Ella misma se lo pregunta. Todos nos lo preguntamos. ¿Es Bienvenido?, ¿Capone?, ¿los poetas?, ¿los chavales? 

«Fue lo primero que se me ocurrió, aunque, la verdad, no sé por qué. Tal vez porque a esos años uno es capaz de todo, hasta de la idea más descabellada, cuánto más impensada e impensable mejor. Y porque les noto en ebullición, como leones hambrientos dispuestos a devorar a un domador que les ha enjaulado inopinadamente. Por eso se me ha ocurrido la absurda idea de enseñársela. Pero cuando me he acercado esta tarde con la carta rosa en la mano y les he preguntado si era de ellos, sus caras fueron el reflejo de sus almas, lo sé, siempre he tenido un sexto sentido para eso, ya lo sabes. Y todos me miraron como E.T. observaba la Tierra nada más aterrizar en su platillo, esa extrañeza no se puede disimular».

Y de pronto, cuando estamos a la mitad de la novela, aparece otro tipo de capítulos que empiezan a alternarse con los demás. Se titulan Gala de entrega del LXX Premio Plutón de novela y nos trasladan a 2021, un año después de todo lo anterior. En esa gala nos encontramos, aparte de autores conocidos que han ganado el premio y otros igual de conocidos que optan a él ese año (no hacen falta dotes de adivinación para saber de qué premio se trata), con dos participantes a los que el resto llama nisu (ni su padre los conoce), aunque son bastante conocidos por el lector. Unos capítulos que confirman la idea que todos tenemos de lo que es la farsa de este premio que llegó a su cota más alta precisamente en ese año. Unos capítulos que nos descubren qué es lo que hemos estado leyendo hasta entonces.

El enamorado de la carta rosa es la tercera novela que leo de Pedro Saugar Segarra tras Operación Picasso y Turileda, dos novelas a las que se hacen guiños en esta tercera. Así, Gimena nos cuenta que una noche «leía Operación Picasso, de Pedro Saugar». Y también Gimena pasaba los veranos en Turileda donde conoció a Benito.

Tres novelas sumamente distintas, pero que comparten un estilo un tanto esperpéntico que me fascina. Son novelas extensas, de frases largas, con historias que mezclan muchos personajes y que viajan por el tiempo, si bien en ésta, por primera vez, lo más atrás que se llega es a la segunda mitad del siglo XX (las otras recorrían todo el siglo XX y bastante del XXI). El enamorado de la carta rosa reúne en un bar las historias de unos personajes dispares en sus trayectorias y en sus edades e intereses, pero todos con un  pasado que marcan su presente y, unos más que otros, unos anhelos de futuro que puede que hasta se cumplan en algunos casos. 

Hay mucho cine y mucha literatura. Muchas referencias a películas, poetas, novelas. Y hay mucha crítica, mucho humor, mucha ironía, algo de esperpento. Algo rocambolesco que nos atrapa desde el principio. Y al mismo tiempo, todo muy real, muy encajado en el mundo de aquella pandemia, el confinamiento y el lento desconfinamiento que vino después.

Para dar una idea del estilo bastará con que os cite los nombres de algunos personajes. Los poetas de la mesa de los garramantas son:  Pepe Silverio, alias Federico, así llamado por su devoción lorquiana; Josemi Sieiro, alias Vicentín, por su devoción alexandriana; Rubén Hernández, alias Pablito, por su devoción nerudiana, y Sara Silla, alias Alejandra, por su devoción pizarnikiana. Los componentes de la mesa de los jubilados son Bienvenido Bermúdez de Castro, Pepe García de la Hoya, Juanito Segura de la Muela y Luisón López de Haro. ¿A qué mundos literarios os transportan dichos nombres? 

A mí el mundo literario de Pedro Saugar Segarra me atrapa sin remedio y espero con ilusión sus novelas. Ya, tras haber leído la tercera, sé que no me va a defraudar. Esto escribí tras leer la segunda: «Si la primera novela de Pedro Saugar Segarra, Operación Picasso, me entusiasmó, Turileda no ha quedado ni un milímetro por detrás. Las expectativas estaban altas y no ha habido la más mínima decepción». Y lo suscribo totalmente tras esta tercera la tercera.

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