Ristretto 2
"Morir en la arena". Leonardo Padura.
«Rodolfo Santiago Bermúdez Páez había conocido a Nora Lara Herrera medio siglo atrás, cuando coincidieron como compañeros de aula al comenzar el onceno grado en el instituto preuniversitario de La Víbora, el concentrado estudiantil de ese nivel escolar más cercano a sus respectivas casas. Rodolfo tenía dieciséis años, uno y pico más que Nora, y estaban en el mismo grado académico porque él había repetido un curso en la primaria [...] Desde entonces, quizás también por ser los más aventajados alumnos del aula en matemáticas y física, hubo entre ellos una fluida afinidad, en cierto sentido competitiva. [...] Nora comenzó a llamarle Rodillo y él, que todavía era un joven sensible y ella una muchacha hermosa, se enamoró de Nora de un modo intenso, casi adulto. En cualquier caso, una pasión diferente de los varios enamoramientos adolescentes que había padecido, con o sin correspondencia».
Ahora Geni va a salir de la cárcel. Su estado de salud así lo requiere. Lleva treinta años encerrado sin recibir visitas de la familia. La madre lo visitó hasta que murió hace ya muchos años. Solo su amigo, Raymundo Fumero, ha sido una presencia constante en la vida de Geni. Es Fumero quien anuncia la próxima salida del hombre a Norah y Rodolfo que se lo toman con mucho recelo, precaución y temor. Aunque por otra parte, la próxima presencia de Geni entre ellos hace que Norah y Rodolfo se replanteen muchas cosas y que Aitana, la hija de Rodolfo, se presente en la isla procedente de Barcelona, donde vive.
Pero más allá de la historia pasada y presente de estos personajes, la novela es un friso de la historia de Cuba desde la Revolución. Nos cuenta la bonanza económica de finales de los setenta y los ochenta, cuando el país empezaba a despegar, estabilizándose y dejando atrás los inciertos inicios revolucionaros
«El país progresaba, según nos decían, y a paso seguro nos encaminábamos hacia el desarrollo, pues incluso hacía diez años éramos miembros del CAME, el solidario y socialista Consejo de Ayuda Mutua Económica, y, por ejemplo, se estaba construyendo ya, justo en el medio de la isla y con financiación soviética, una central termonuclear que garantizaría no solo la independencia energética nacional, sino que [...] hasta podríamos exportar electricidad por todo el Caribe. Además, en las tiendas, por años casi vacías, ahora se vendían camisas polacas, jeans húngaros, zapatos checos, y con el salario podías comer de vez en cuando en un buen restaurante, como El Moscú, El Sofía, El Praga y otras capitales socialistas».
Y también nos cuenta el declive que llegó con la caída del Muro y que sumergió la isla en una debacle que hasta 2023, momento de los hechos, no había hecho más que aumentar hasta dejar la isla en una situación tan precaria que sólo de lo que les mandan sus hijas desde España y Estados Unidos respectivamente, pueden sobrevivir Rodolfo y Norah.
Y habla de las personas que siempre, sea cual sea la situación, saben nadar y salir de cualquier escollo que se presente e incluso ponerlo a su favor para seguir engordando las arcas.
La novela está narrada en tercera persona por un narrador omnisciente, salvo los capítulos contados en primera persona por Raymundo Fumero, el amigo que nos dice que ya a los catorce años tuvo «la alarmante certeza de que ese amigo y compañero iba a ser un parricida cuando, con la aterradora frialdad de lo inapelable, lo escuché jurar que un día iba a matar al hijo de puta de su padre».
Poco que añadir, Leonardo Padura es una apuesta segura. Si te gustó Como polvo en el viento, Morir en la arena te gustará tanto o más.
"Amor libre". Tessa Hadley.
«El atardecer de aquel viernes de finales de verano era tan hermoso que Phyllis Fischer se sentó ante el tocador con la ventana del jardín abierta de par en par. Y por esa ventana la vida de las afueras penetró en la habitación con su sosegado fluir vespertino:[...] Cuando la luz oblicua del sol cegó repentinamente parte del espejo, Phyllis lo ajustó y la luz se trasladó a sus artículos de aseo de cristal tallado, sus frascos de L’Air du Temps, su tónico y su leche limpiadora. [...] Tenía cuarenta años, pero conservaba un atractivo animado y expectante [...] En realidad era fácil, una persona fácil; resultaba fácil hacerla feliz y le alegraba hacer felices a los demás. Estaba satisfecha con su vida. Corría el año 1967».
«[...] es cierto que escribí una novela el año pasado, cuando vivía con ellos en Teherán. Pero luego la quemé.
[...]
–Tuvo que ser espantoso.
–Fue liberador. Después me sentí más libre. Teóricamente trataba de los habitantes de lugares de Irán y Afganistán que había visitado, pero lo cierto es que yo no sabía qué pensaban esas personas. Por lo que en cada página solo estaba yo, pensando sobre ellos: era nauseabundo. Luego, cuando volví a Inglaterra para encontrar material que pudiera ver desde dentro, descubrí que no quería escribir novelas. Es un formato muerto».
Así es que sí, la visita de Nick fue todo un revulsivo para la familia, pero sobre todo para Phyllis. De un beso casual de aquella noche saca la conclusión de que está enamorada por lo que buscará a Nick en Londres y empezará una aventura con él. Lo malo es que la vida de Nick transcurre en uno de los barrios de Londres más alejados de la comodidad burguesa en la que Phillys ha vivido hasta entonces. Ladbroke Grove es un barrio lleno de inmigrantes, artistas, hippies, gente que huye de la vida tradicional y vive con lo justo, que trabaja lo justo para colaborar lo menos posible con la sociedad en la que viven y a la que desprecian. Nada más alejado de la vida de burguesa cómoda y sumamente dependiente de las apariencias que vivía Phyllis en su barrio residencial de los alrededores de Londres. Muy alejado sí, pero que le abrirá los ojos a una realidad más gratificante, más... real. Y le hará tener unas necesidades también más reales.
La historia avanzará y hasta la joven Colette se verá arrastrada por la extraña vida que lleva su madre, mientras Hugh sentirá tal rechazo que dirá que su madre ha muerto. También sabremos algún que otro secreto del pasado de Roger, que ha permanecido oculto y que tendrá su trascendencia.
Tercera novela que leo de Tessa Hadley tras Lo que queda de luz y El pasado, y tercera novela que me convence totalmente y que me hace recomendar a la autora sin dudarlo.







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