"La campana de cristal" Sylvia Plath

«Pensaba que la creación más bella del mundo debía de ser la sombra, el millón de formas en movimiento y callejones sin salida de la sombra. Había sombra en los cajones de las cómodas y en los armarios y en las maletas, y sombra debajo de las casas y de los árboles y las piedras, y sombra en el fondo de los ojos y las sonrisas de la gente, y sombra, leguas y leguas y leguas de sombra en la cara nocturna de la tierra. 
Miré las dos tiritas de color carne que formaban una cruz en la pantorrilla de mi pierna derecha.
Esa mañana había dado un primer paso.
Me había encerrado en el cuarto de baño, había llenado la bañera con agua tibia y había sacado la gillette».

Una sombra parece esta La campana de cristal. La sombra de una vida que tan solo es sombra, (pero ¿en qué se convierte la sombra de una sombra?), una vida que no es más que un reflejo de sí misma, que se pierde a sí misma en sí misma. Una historia inquietante por cuanto nos transmite a la perfección esa vida que se va transformando en su propia sombra y luego se va desdibujando (conocemos el futuro) hasta no ser ni sombra ni vida.

Para cuando Esther observa las dos tiritas en forma de cruz en su pantorrilla derecha, ha transcurrido ya más de la mitad de La campana de cristal. La historia empieza en el verano de 1953, tristemente célebre por un episodio que se menciona en la primera frase de la novela. «Fue un verano raro, tórrido, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg, y yo no sabía qué había ido a hacer a Nueva York. Soy estúpida con esto de las ejecuciones. La idea de que te puedan electrocutar me asquea, y en los periódicos no se leía otra cosa: los titulares desencajados me acechaban desde todas las esquinas por la calle y en todas las bocas del metro hediondas, con un tufo rancio a cacahuetes. No tenía nada que ver conmigo, pero no me quitaba de la cabeza qué se sentiría, cuando te queman viva por dentro». Pero la silla eléctrica sí tenía algo que ver con Esther. Tal vez su rechazo, su asco, derivara de la premonición. Hay cosas que se presienten, que están por anticipado en la cabeza, aunque aún falten meses o años para que se produzcan. Puede parecer una idea poco lógica, de hecho no es nada lógica, pero puedo asegurar que pasa. 

Tal vez, Esther presentía que algún día también a ella la iban a electrocutar y sentiría la corriente atravesando su cuerpo con todo el dolor que eso puede causar. Claro que ella no iba a ser ejecutada. Tan solo, tratada de su enfermedad mental que la llevaría varias veces al borde del suicidio.

Pero poco podía imaginar Esther todo ese calvario en aquel verano de 1953. Por entonces es una joven que disfruta de un verano en Nueva York y pretende ganarse la vida con la poesía. «Éramos doce, en el hotel. Todas habíamos ganado el concurso de una revista de moda, escribiendo artículos y cuentos y poemas y consejos de tendencias, y de premio nos dieron trabajo en Nueva York durante un mes, a gastos pagados, y montones y montones de obsequios». Allí pasará los días entre fiestas y trabajo y sintiéndose extraña por no ser capaz de sentir la emoción del resto de las chicas. Y es que realmente tiene poco que ver con la mayoría de ellas pues, aunque todas trabajan en revistas, muchas escriben de moda y tendencias mientras que ella escribe poesías y aspira a mantener la beca para seguir estudiando y conseguir otra beca para el doctorado y para ir a Europa y, finalmente, terminar siendo poeta o editora. Sí, unas aspiraciones muy diferentes a las de las alocadas jóvenes con las que comparte hotel.

Tampoco su vida privada se presta mucho a las locuras y el desenfado. Su novio la ha traicionado, o así lo siente ella. Considera que solo fue feliz hasta los nueve años, cuando murió su padre. Siente la necesidad, a la vez que el temor, de acostarse con alguien y es que para ella «el mundo se dividía en gente que se había acostado con alguien y gente que no, y esa parecía la única diferencia relevante entre una persona y otra». Esther Greenwood se encuentra dividida entre sueños aparentemente incompatibles. Lo que se puede llevar a cabo a la perfección por los hombres parece estar vedado a las mujeres, mucho más en los años cincuenta. En el prólogo de La campana de cristal titulado Una terapia de choque,  Aixa de la Cruz lo expresa muy bien:

«Sueña con el matrimonio y la maternidad, pero teme que sean el final del trayecto, el pozo oscuro que ya engulló a su madre, quien encarna un modelo que le resulta tan insatisfactorio como el de las académicas solteronas que pululan por el campus de su universidad de élite. ¿Acaso han de ser incompatibles el amor y el éxito profesional? Caracterizándola con cierta malicia, nuestra protagonista parece querer hornear bizcochos con una mano y escribir versos con la otra, sin renunciar a nada, pero es que, ¿por qué tendría que hacerlo? A su alrededor, los hombres se comen su tarta y la conservan, tienen fama y familia, carrera e hijos. Ella solo pide un trato equitativo. Lo da por hecho, más bien. Hasta que la realidad la confronta con la diferencia —con su diferencia— a través de la doble vara de medir que esgrimen su madre y su novio en lo que respecta a la sexualidad, y es entonces cuando llegan el desencanto y la caída en los infiernos».

La vuelta a casa tras su estancia en Nueva York, el fracaso de sus planes para el resto del verano que le permitirían compartir un piso en Cambridge con unas amigas, la definitiva traición de su novio... todo ello hace que que se desate ese desencanto y esa caída en los infiernos. La vemos totalmente perdida. Viene el abandono de su propia persona, el insomnio, la consulta del doctor Gordon, los tratamientos, el internamiento, los intentos de suicidio. 

Voy leyendo con una cierta sensación de hipnosis, me dejo llevar por la historia viendo el deterioro del personaje y me siento arrastrada en ese incremento de la locura, en  esa caída vertiginosa que me empuja a leer y leer y hundirme un poco yo también y quedar encerrada en esa campana de cristal que aprisiona a Esther, abrumada por esa constatación de que no hay remedio, de que pase lo que pase, no hay salida ni previsión de un futuro mejor. Pasara lo que pasara, por bien dadas que vinieran las cosas, «[...]—en la cubierta de un barco o en una cafetería en una calle de París o de Bangkok—estaría debajo de la misma campana de cristal, fermentándome en mi propio aire malsano»

Como casi todo el mundo, imagino, he conocido varios casos de suicidio. Más directa o más indirectamente, más de cerca o más de lejos, me he visto afectada en varias ocasiones. ¿Hay en todos los suicidios una campana de cristal que aísla del mundo y de cualquier expectativa de felicidad o de un futuro mejor? Imagino que sí. Y esa falta de expectativa puede ser más o menos cierta objetivamente hablando, pero siempre lo es, absolutamente, en el plano subjetivo. Y aunque la campana se levanta y deja entrar aire y podría dar lugar a la esperanza, nunca se puede estar segura: «¿Cómo podía saber que un día, en la universidad, en Europa, en alguna parte, en cualquier parte, la campana de cristal, con sus distorsiones asfixiantes, no descendería de nuevo?».

Sylvia Plath

A poco que se sepa de la vida de Sylvia Plath, se ve que La campana de cristal es en gran medida un libro autobiográfico. Sylvia estuvo sometida a las mismas situaciones que Esther con mínimas diferencias. No puedo estar de acuerdo con otras palabras de Aixa de la Cruz en el citado prólogo: «Si algo deja claro La campana de cristal es que la crisis mental que sufre su protagonista obedece a presiones sociales y culturales muy precisas. Esther enferma porque es mujer, o porque la quieren mujer, solo mujer, cuando ella quiere ser muchas más cosas». Puede que esas limitaciones, esas presiones sociales y culturales, fueran el detonante que puso en marcha los síntomas en un momento dado, pero la enfermedad mental estaba ahí desde el nacimiento. Hoy se cree que Sylvia Plath padecía un trastorno bipolar, enfermedad que  estaría en el origen de todo y que no solo ella padeció. También su hijo se suicidó en Alaska en 2009 tras una vida solitaria y síntomas maniaco depresivos, también su hija sufre trastornos depresivos y anorexia. 

La campana de cristal se publicó con seudónimo, Victoria Lucas, pocos meses antes del suicidio de la autora y ha sido todo un descubrimiento para mí. Puede resultar dura y hasta un poco asfixiante, pero en este caso la asfixia me ha producido una cierta adicción que me ha mantenido pegada a las páginas del libro. Y es que hay escritores maravillosos que consiguen atraparte incluso aunque te están hiriendo. De hecho, creo que solo los escritores que llegan a herirte son los verdaderamente valiosos.

Esta novela la he leído como recomendación de La senyoreta Buncle en su blog. Dicha recomendación me llegó a través del Reto Serendipia Recomienda 2021. Es la tercera novela que leo y con ella queda superado el reto. Si queréis saber cuáles son las otras dos que he elegido podéis verlo en esta entrada de mi blog.

Título del libro: La campana de cristal
Autora: Sylvia Plath
Nacionalidad: Estados Unidos
Título original: The Bell Jar
Traducción: Eugenia Vázquez Nacarino
Editorial: Penguin Random House
Año de publicación: 2019
Año de publicación original: 1963
Nº de páginas: 272

Comentarios

  1. Buenos días, Rosa:
    a pesar de tu recomendación, no me la llevo, no sé hay algo que me dice que no es una lectura para mí ahora mismo.
    Un beso

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    1. Es una novela dura que creo que no es para cualquiera en cualquier momento. Remueve muchas cosas y hay que buscarle la ocasión más propicia.
      Un beso.

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  2. Hola.
    Ahora mismo no me veo capaz, pero en algún momento la leeré. Opino como tú en relación a la frase del prólogo, el detonante pudo ser lo que dicen pero la enfermedad mental estaba ahí, y siguió en su familia, por desgracia. Yo también he conodico casos de suicidio, y todos muy jóvenes, lo que duele aún más, si cabe.
    Muchas gracias por la reseña y muy feliz semana.

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    1. El suicidio de los jóvenes es más doloroso precisamente porque se intuye que habría habido tiempo y oportunidades de escapar de esa campana de cristal que aprisiona y asfixia. Por desgracia parece se que es un asunto que va a más y esto de la pandemia no ha venido a ayudar.
      No creo que nadie enferme por causas externas. la enfermedad mental está desde el principio y aunque haya causas externas que la ponen en marcha; sin un previo no se puede dar. Creo yo.
      Un beso.

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  3. Buen día, Rosa.

    La propia reseña que haces ya es impactante así que imagino que la lectura debe ser dura, profunda e hiriente como bien expresas. Temas tan actuales como la identidad de la mujer, los trastornos mentales y el tabú del suicidio incitan desde luego a leer un libro con mucho de auto biográfico y por lo tanto tan personal. También nos encontramos con el retrato de una época y un lugar que hacen que el libro tenga que ser especial.

    Un beso y buen comienzo de semana.

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    1. Es cierto el interés que comentas respecto al momento en que transcurre el libro y la situación de la mujer en el mismo. No incidí mucho en ese asunto porque la situación de la protagonista me arrastró totalmente y no quería alargarme en exceso (estoy intentando hacer reseñas más cortas, pero me cuesta mucho). me vi arrastrada en la locura de Esther, en su descenso a los infiernos, como en un torbellino. Ella caía y caía y yo no podía dejar de leer. Un libro realmente muy especial.
      Un beso.

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  4. No he leído a Plath y no por falta de ganas, sino porque al final, a pesar de mis buenas intenciones, me dejo llevar por lo nuevo. Tomo buena nota y es que tengo debilidad por los autores y las lecturas que hieren.
    Besos.

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    1. A mí también me pasa. Lo nuevo nos atrae y hace que dejemos atrás obras maravillosas. Por eso suelo, de vez en cuando, volver sobre obras más clásicas de las que tengo en mi lista. A Sylvia Plath no la había leído porque la poesía no es algo que me seduzca mucho, pero esta su única novela es tan genial como terrible. Me alegro mucho de seguir el reto de Serendipia Recomienda porque siempre me descubre o me empuja a leer cosas de gran calidad.
      Un beso.

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  5. ¡Hola! =)
    Gracias, no lo conocía ^*^

    Besitos :P

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  6. Leí de esta novela la edición de Edhasa, anterior a la que tú has leído, y por tanto no he tenido acceso al prólogo de Aixa de la Cruz, pero, igualmente, estoy en desacuerdo con que las presiones sociales y culturales fueran las responsables de la enfermedad mental de Sylvia Plath, aun no poniendo en duda de que las mismas pudieran influir negativamente en la manifestación de su enfermedad e incluso, como señalas, servir de detonante. Me parece una argumentación demasiado simplista, claro que, como digo, no he leído el prólogo y soy por tanto consciente de estar descontextualizando la frase que nos has dejado.
    Me maravilló esta novela. Me maravilla, en realidad, Sylvia Plath, pero esta novela fue mi primer encuentro fuerte con ella. Recuerdo que es una lectura que me pareció por momentos confusa, una confusión fruto del estado mental que la autora traslada a su protagonista. Es una novela de un incuestionable valor literario que nos da acceso, o nos acerca al menos, a esa sombra de su autora, pero también nos acerca a conocer cómo era ser una joven en su época que quería escapar del determinismo social, así a cómo eran tratados los enfermos mentales en aquellos años. La terapia de electrochoque, por cierto, aún sigue aplicándose en algunos países.
    Me alegro de que hayas disfrutado/sufrido esta novela.
    Besos

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    1. Es un prólogo muy interesante que analiza la época, la situación de Esther, sus similitudes con Sylvia Plath... En lo único que no he estado de acuerdo y que me ha chirriado al leerlo es en lo que comento. No creo que nadie enferme porque sus expectativas en la vida chocan con lo establecido. Sí puede ser que esa frustración y otras cosas desfavorables lleven a una persona al suicidio, pero no a la enfermedad mental y ni Esther ni Plath eran personas mentalmente sanas. Ambas padecían una enfermedad que las llevó al tratamiento, el internamiento, el intento (consecución en el caso de la autora) de suicidio, etc. y esa enfermedad estaba ahí antes de las presiones sociales y culturales.
      Esa confusión que, como dices, la autora traslada a su personaje, es lo que me ha arrastrado a mí a leer rápido, de seguido, como hipnotizada por la forma de describir el desarrollo de la enfermedad. Se ve que la autora sabe de lo que habla cuando describe la situación.
      Me ha gustado mucho la novela. he disfrutado, no con el sufrimiento, sino con la forma de describirlo y lo que supone de realidad para algunas personas.
      Un beso.

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  7. Es de mis eternas pendientes esta autora y justamente esta novela. Una lectura dura, sin duda. Suelen gustarme. Además, las lecturas que hieren, que te sacuden, son las que suelen quedarse más tiempo en la memoria. A ver si me animo pronto.
    Besotes!!!

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    1. Tras tenerla mucho tiempo entre las pendientes, ahora me alegro muchísimo de haberla leído. Creo que es de esos clásicos que no se deben dejar.
      Efectivamente, olvidar una historia así se hace difícil.
      Un beso.

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  8. ¡Hola, Rosa! Tu reseña me ha dejado en shock pues no sabía que la autora se había suicidado. Y aunque el libro toca temas tan duros, como la depresión y los intentos de suicidio, me gustaría conocer más de la obra de esta autora. Muchas gracias por la reseña. ¡Un besito!

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    1. Te recomiendo esta novela si quieres conocer a la autora, aunque ella realmente era poeta. A mí la poesía me cuesta más, pero no estaría mal leer algo para conocerla mejor.
      Sí que deja en shock la novela.
      Un beso.

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  9. Buenas tardes, Rosa:
    ¡Menuda pedazo de reseña que te has marcado! Pese a que el tema me resulta tan duro que no creo que pueda leer esta novela, lo que has escrito me parece francamente interesante y revelador. Por otro lado, no he leído hasta el momento nada de Plath, creo que todo lo que rodea a la autora me es causante de mi desinterés por su obra. Después de leerte prometo valorarlo mejor.
    Un saludo y enhorabuena por tu reseña!!

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    1. Hola Undine, muchas gracias por tus palabras. Nunca los temas duros me han impedido leer una novela. Sí lo pueden conseguir los ambientes hostiles, pero nunca los temas. Sí que es cierto que hay momentos para todo y los hay que huyo de las cosas complicadas y me tiro más a lecturas más entretenidas, pero son pocos, la verdad.
      Muy interesante la novela y cuanto revela acerca de la autora.
      Un beso.

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  10. Hola Rosa, tengo a la autora apuntada desde que vi Silvia, la película y este año estuve tentada a comprarme esta novela cuando la vi en una librería y al final no me atreví, creo que en este momento no podría leerla y sin embargo siento que no puedo dejarla pasar, sobretodo después de tu estupenda reseña. A ver si me animo más pronto que tarde. Besos.

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    1. Ni siquiera sabía que hubiera una película. Gracias por la información. Trataré de encontrarla.
      Es de esas novelas que tienen que encontrar su momento en cada lector, pero creo que no es de las que de debe dejar pasar. Es dura, pero muy reveladora y si te engancha, como a mí, no te suelta.
      Un beso.

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  11. ¡Hola!
    que tremenda esta novela ¿verdad? ya la conocía y también ala autora y sus problemas mentales, que terribles son también. Me encantan esas novelas duras que aunque te asfixien con su dureza te atrapan para hacerte vibrar. También es verdad que leer argumentos basados en el tema del suicidio ahora mismo no estoy mucho por la labor, pero tengo en mente algún día leer a esta autora, porque presiento que me va a gustar, que me va a transmitir mucho
    Besos

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    1. Yo creo que es la propia dureza, y la asfixia que produce, la que te atrapa. Describe tan bien el desarrollo de la enfermedad, vas viendo de tal forma caer a Esther en las garras de la demencia, que te sientes arrastrada en pos de esa caída al abismo. A mí el tema del suicidio me atrae. Es de esas cosas sobre las que intento leer y ver cine porque creo que así entenderé un poco mejor, nunca lo suficiente, lo que puede causar algo que va tan en contra del instinto más básico que es el de la supervivencia. No dejes la novela olvidada y en cuanto creas que es el momento, léela.
      Un beso.

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  12. ¡Qué bonito el final de tu reseña, Rosa! Escritores que atrapan aunque te estén hiriendo... Una historia durísima y muy opresiva que muestra una realidad incómoda y es también el retrato de una época. Cuesta acercarse a ello pero es conveniente no apartar la mirada. Me ha encantado esta reseña, Rosa. Has analizado la novela con muchísima delicadeza. Un beso grande.

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    1. Gracias por tus palabras, me ha encantado eso de que he analizado la novela «con muchísima delicadeza». Es lo que me produce el tema de la enfermedad y el suicidio: respeto, delicadeza. Siempre había pensado que el quitarse la vida era una expresión de libertad, decidir tú mismo cuando haces mutis y desapareces. Luego he asistido al dolor que deja tras de sí el suicidio y ya no tengo tan claras las cosas. Es un tema que me inquieta e incomoda porque no tengo clara mi opinión al respecto. Lo que está claro es que ha variado respecto a la opinión original y es que no hay nada como vivir para tener las cosas cada vez menos claras. El blanco o negro es cosa de la juventud. Luego vienen los matices.
      Un beso.

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  13. Hola, Rosa. Intenté leer esta novela cuando vi la película Sylvia, la escogí porque era la única que había en la biblio, aparte de varios poemarios. No la entendí o no le cogí el punto y solo leí las primeras líneas. Creo que no era el momento para leerla, demasiado joven y poco recorrido como lectora entonces. Me ha impresionado mucho la reseña. Y me apetece intentarlo de nuevo. Y estoy de acuerdo contigo en no estar de acuerdo en que alguien se suicida porque la empujan las dificultades por ser mujer, entonces ya se habría terminado la especie. Además como tú bien dices, los trastornos mentales están ahí como otra enfermedad, aunque no sea de nacimiento pero no se desencadenan por la discriminación femenina. Eso es pasarse de rosca.
    Besos

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    1. No he visto la película de la que no sabía nada y me he enterado por el comentario de Mar, más arriba. la buscaré en alguna de las plataformas a las que tengo acceso porque me apetece mucho verla.
      La campana de cristal es una novela que me imagino que igual que atrapa, puede producir rechazo, según las personas y el momento elegido para leerla.
      Hay gente que se suicida porque su vida es excesivamente difícil y ya no pueden más o por una enfermedad terminal que no quieren dejar que sea la que termine con ellos, pero en este caso hay una enfermedad maniaco depresiva que hace sufrir mucho al paciente y no ver la salida del túnel. Hoy al menos hay medicación que hace que se lleve con más facilidad, pero en los años cincuenta y sesenta debía de ser terrible.
      Un beso.

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  14. Hola, Rosa. Muchísimas gracias por tus impresiones, no estoy en un buen momento para afrontar esta lectura ya que sé que me va a causar dolor pero nunca digo que no a nada, a ver si más adelante estoy más fuerte y me animo.

    Besos y felices lecturas.

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    1. Es un libro que requiere de un cierto estado de ánimo para poder leerlo. Según las circunstancias puede resultar muy doloroso. Es doloroso en todo caso, pero si te toca alguna fibra especial puede ser devastador. Si le encuentras el momento, espero que lo disfrutes/sufras como yo.
      Un beso.

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  15. Hola Rosa, me alegra que mi recomendación te haya gustado. Esta novela es tal como dices, lo que te atrapa es la propia dureza, y la asfixia que produce.
    Está todo explicado de tal manera que te adentras en su campana de cristal. Una autora excepcional.
    Gracias y muchos besos

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    1. Gracias a ti por la recomendación. Aunque ya la tenia apuntada, sin haberla encontrado en Serendipia Recomienda, puede ser que ahí hubiera quedado por mucho tiempo.
      Es una novela desoladora, más aún por saber que, de manera muy similar, transcurrió la vida de la autora hasta que le puso punto final.
      Un beso.

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  16. Una historia sin duda dura y, al menos para mí, deprimente, y el hecho de que sea hasta cierto punto biográfica la hace más real e impresionante. Creo que para enfrentarse a una lectura así, el lector debe estar preparado para "soportar" la angustia, la desesperación, quizá los delirios, y el estado depresivo de la protagonista, no sea que se los acabe contagiando, aunque sea mientras dure la lectura.
    Un beso.

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    1. Pues yo debía de estar muy fuerte porque aunque me ha impresionado, para nada me ha deprimido. He disfrutado de la alucinante forma en que la autora nos va metiendo en el estado del personaje, la forma en que nos cuenta su deterioro y su forma cada vez más terrible de hundirse en la locura. He disfrutado de la forma y sufrido con el contenido, pero no he sentido el menor atisbo de depresión. Claro que en cualquier otro momento me podía haber pillado mal y haber sido yo la hundida.
      Un beso.

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  17. Me ha encantado tu reseña y me llevo esta historia para leerla en el futuro que ahora no me veo con ella. Besos

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    1. Pues espero que no tardes en estar en situación de leerla y ojalá te guste. Es dura, pero muy recomendable.
      Un beso.

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  18. Una historia subyugante y que ya conocía, nunca me he atrevido con ella por diversos motivos y mira que dan ganas tras leer tu reseña. Achacar la enfermedad mental al ambiente (presiones sociales, políticas, de género, etc.) menosprecia los factores genéticos y personales, que no son baladí. Desde luego no creo que sea el camino que elijan médicos y terapeutas para curar a estas personas, pero puede servir a otros para apuntalar su ideología. Como te decía, es una lectura que tengo pendiente pero a ver si encuentro el momento adecuado.
    Un abrazo.

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    1. Es una lectura dolorosa. Llevo unas cuantas seguidas que lo son, pero me pillan en un momento en que puedo con ello y han sido todas tan buenas que compensa.
      Leer esta novela es además impresionante porque se sabe que la protagonista es en gran medida la propia Sylvia Plath y sabemos que pocos meses después de publicarse la novela (o pocos meses antes, las fuentes no se ponen de acuerdo) ella misma se iba a suicidar. Pensar en qué estado de confusión y sufrimiento escribiría la novela la dota de un valor trágico que estremece. Ojalá le encuentres el momento adecuado.
      Un beso.

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