"Mañana seguiré viva" Marta Pérez-Carbonell
Linda concedió cientos de entrevistas a lo largo de su carrera y, siempre que salía el tema de su infancia, hablaba como si su vida empezara a mitad de los años cuarenta. "Ni falta que hace", decía cuando le señalaban que sus admiradores no sabían nada sobre sus primeros años».
La historia se vertebra con una entrevista entre Linda, de
setenta y siete años, y Lorenzo Belmonte, periodista y amigo, con vistas a lo
que será la biografía de actriz. Y alrededor de esa columna vertebral se nos
van contando recuerdos de unos y otros hasta conformar lo que fue la vida de
Linda, de nombre original Rita Ramírez Velasco, que «nació en Madrid, en el barrio de Ventas, un 2 de diciembre de 1920».
Huyendo de una vida que nunca quiso contar, pero que se intuye sórdida y ausente de afectos, Rita marchó a Mallorca con veinticinco años y allí la descubrió el italiano Alvise Colonna.
«A menudo el origen de las historias queda desdibujado: cuándo tuvo lugar el detonante, cuál fue el instante que hizo posible todo lo demás. Pero en esta no, porque en la calita cercana al hotel conoció al joven director de cine Alvise Colonna, y ese fue el encuentro que puso en marcha todo lo demás».
Tras consultarlo con su esposa, Marcella Marioni (Alvise apenas hacía nada sin consultarlo con ella) se la llevó a Roma para interpretar el personaje de Gloria en su primera película, Zuccari. Alvise y Marcella pasaron a constituir la nueva familia de Linda, la que le dio el afecto y la seguridad que le había escatimado la suya de verdad. Y después entrarían otros muchos personajes a completar el escenario afectivo de la actriz: Lorenzo Belmonte, Milko Veselý y Bad Gold, los más importantes.
A partir de Zuccari el éxito acompañó a Rita, convertida en Linda, hasta el momento actual, en 1998. Más de cincuenta años en los que pasaron muchas cosas. Sabemos que hay una hija, Silvia, de cuyo paradero en ese 1998 Linda no tiene ni idea y sabemos lo que le pesa no haber tomado con ella otras decisiones, no haber estado más pendiente de su hija que de su carrera.
Sabremos de la lucha de Linda por la libertad y es que «la libertad es terapéutica», no solo para los pacientes encerrados en un psiquiátrico, donde Linda vio por primera vez escrita la frase, sino para cualquiera en cualquier circunstancia.
«Linda cambió de representante y de publicista. Llevaba tiempo queriendo hacerlo y, cuando se opusieron a que defendiera en público la sexualidad de Baz Gold, finalmente se deshizo de ellos. El actor había perdido dos importantes papeles en Hollywood tras haber sido fotografiado con maquillaje y ropa de mujer en varios bares del Soho londinense. "¿Era una fiesta de disfraces?", le preguntó la prensa. "¡La vida entera es una fiesta de disfraces!", contestó acariciando el pañuelo de seda que le asomaba por la solapa. En ese instante, a pocos kilómetros, un joven nacido en Zanzíbar que solo llevaba cuatro años en la capital británica veía esa entrevista desde su casa familiar y, cuando todos lo conocieran por el nombre de Freddie Mercury, recordaría que fue Baz Gold quien le susurró a través del viejo televisor que, si la vida era solo un desfile de máscaras, quizá él podía ser quien le viniera en gana».
Sí, la autora mezcla realidad y ficción con una habilidad que me ha hecho consultar Google para confirmar que Linda, Alvise Colonna, etc. son personajes ficticios. Y es que los reales se meten en la historia con asombrosa facilidad. ¿Estaba la
canción Gloria de Umberto Tozzi
dedicada a nuestra actriz? ¿Realmente conoció a Freddy Mercury quien la sacó con
él al escenario?
La historia se mueve entre lo profesional, el cine de los años cincuenta y sesenta, y lo personal. En lo profesional, Linda sigue brillando después de cincuenta años. Aún le piden que rompa un puñado de spaguetti crudos, como en la mítica escena de la primera película que hizo, aún la recogen en helicóptero para llevarla a los faraglioni de Capri a ver lagartos azules. En lo personal, añora a Silvia, esa hija que está desaparecida, resentida con su madre porque nunca le confesó la identidad del padre; esos amigos que se fueron para siempre y a los que nunca se añora lo suficiente; esos otros que aparecen y desaparecen, pero que siempre están presentes en los momentos más difíciles.
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| Marta Pérez-Carbonell |
Y todo ello nos lo narra la autora con una prosa sugerente, muy directa y hermosa, poética en algunos momentos, clara y sencilla en todos. Una prosa adecuada para desgranar los episodios de una vida que se mueve entre el esplendor de lo público y la tristeza y la frustración de lo familiar. Un canto a la libertad, a la amistad, a esas personas que están en nuestras vidas porque las hemos elegido y sustituyen a las que nos puso la vida delante y no estuvieron a la altura de lo que se esperaba de ellas.
Una novela muy recomendable y una autora a la que recomiendo seguir muy de cerca. Cuando leí Nada más ilusorio escribí: «Otro de esos debuts de novela que sorprenden por su solvencia y buen hacer». Tras leer Mañana seguiré viva, se confirma que Marta Pérez-Carbonell tiene mucho que contar y sabe hacerlo atrapando al lector, tratando temas que tocan el alma de cualquiera porque cualquiera tiene heridas, añoranzas, deudas con el pasado y éxitos que celebrar, y puede sentirse identificado con los personajes.




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