"Carnicero" Joyce Carol Oates


Ha de decirse, en todo caso, que Silas Weir fue un investigador de lo más inusual, un pionero no solo en el campo de la psiquiatría, sino en el de la ginopsiquiatría, una especialización controvertida incluso ahora; junto con su pariente Medrick Weir, padre fue el cofundador de toda esta rama, que aún se practica, si bien de manera aislada. En algunos círculos, se agraviaba a padre tildándolo de médico depredador de sus (indefensas) pacientes para que su carrera avanzara, así como por motivos más personales y lascivos; pero sigue siendo un hecho que ninguno de los médicos más ortodoxos de su época habría deseado explorar a las personas que solía atender mi padre, véase, a las mujeres, ni siquiera habría intentado «curarlas» de sus males. Pues en el hospital de Trenton, sus pacientes a menudo eran indigentes, «la morralla y la quincalla de la Tierra», como él las llamaba. 

Eso es lo que leemos nada más empezar el libro, en lo que aparece como Nota del editor, aunque el engaño dura poco. No es necesario llegar al final de la nota y ver que está escrita en 1898 para darnos cuenta de que ya hemos entrado de lleno en la novela. Esa Nota del editor no es tal sino que forma parte de la trama de la novela. Una novela que no es una biografía, aunque lo pueda parecer. Como ya hiciera en Blonde, Joyce Carol Oates se basa en personajes reales para escribir una novela. En ella hay mucho de realidad, muchos episodios basados en lo que aconteció, pero hay otras muchas cosas que son pura ficción. Ella lo advierte. Pero si en Blonde toda la trama se refiere a un único personaje, Marilyn Monroe, que aparece descrito con su propio nombre, en Carnicero el protagonista, Silas Aloysius Weir es una especie de compendio de varias personas reales. Son éstas James Marion Sims, considerado el padre de la ginecología moderna; Henry Cotton, psiquiatra y director del Hospital psiquiátrico de Trenton, New Jersey, y Silas Weir, neurólogo, el que da nombre al personaje. Los tres ejercieron sus especialidades en Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Hasta aquí las personas de carne y hueso que inspiraron a Joyce Carol Oates para escribir Carnicero.  Vamos a olvidarnos de ellas y a entrar en la novela. Como ya he dicho, la ficción empieza desde el principio. La Nota del editor ya forma parte de esa ficción. Y ese editor que está publicando la historia de Silas Weir no es otro que su propio hijo, Jonathan Weir, quien repudia el trabajo de su padre a la vez que es consciente de que se ha beneficiado del mismo. 

«La culpa del puesto del padre invadía al hijo y se había convertido en una suerte de herida exquisita, algo placentera. Porque él no era el pérfido amo. Nunca sería el pérfido amo.
Pero era su hijo y se había beneficiado del puesto de su padre. Nunca había pasado hambre, nunca le había faltado ropa o educación; tenía un cerebro despierto y ágil porque lo habían alimentado bien, era uno de los que habían prosperado, mientras otros se habían quedado a medio camino y habían perecido».

La mayor parte de la narración procede de las memorias del propio doctor Weir, fragmentos de su autobiografía, Crónica de la vida de un médico, que su hijo emplea a falta de otras fuentes ya que no mantiene relación con parientes que pudieran aportar datos a la biografía del padre. En esa Crónica, el doctor nos va dando noticias de su vida desde que es un médico muy joven con ansias de hacer descubrimientos que lo encumbren, hasta que llega trabajar al Manicomio Estatal de Lunáticas de Trenton. Allí se encontrará con un grupo de mujeres con las que podrá experimentar a su gusto para conseguir esos triunfos que lo rediman a ojos de su padre y sus hermanos. 

Repele al buen gusto más elemental la opinión que de las mujeres va dejando caer a lo largo de su narración. Da muestra de su perversa salud mental la indecencia con la que aborda los temas relacionados con las mujeres, su idea de que la «fuente de la histeria está en el útero», la suciedad de su imaginación al pensar que el cuerpo de la mujer es algo repulsivo en sí mismo, la hipocresía y el clasismo que destila:

«Nunca llegué a sentirme del todo cómodo a la hora de explorar a mujeres de mi rango o de estratos superiores, como sí con las mujeres de clases inferiores. Con las trabajadoras de las hilanderías, las de la granja y las criadas de la casa de los Rosencrantz desarrollé una desenvoltura, casi un regocijo, que me ayudaría en años ulteriores cuando mi rango de actuación se amplió e incluyó a pacientes más acaudaladas, cuando las cirugías experimentales que llevé a cabo con aquellas primeras pacientes resultaron tener, con el tiempo, un valor incalculable».

Y es que las pobres le servían para experimentar tratamientos que podría después aplicar a sus pacientes más ricas. Experimentos absolutamente demenciales que llevaba a cabo a veces sin anestesia, aplicando a una enferma un tratamiento y a otra otro distinto para ver cuál de ellos resultaba más eficaz. Experimentos que muchas veces terminaban con la vida de las pacientes, aunque él los computaba como éxitos (no hay nada como la muerte para curar cualquier enfermedad o afección). Leyendo el libro no he podido dejar de recordar los experimentos que los nazis realizaban en los campos de exterminio. Véase si no esta cita terrible del libro que nos ocupa y que parece sacada directamente de las notas del doctor Joseph Mengele:

«Mientras que a la Criatura #1 se le permitiría tomar leche materna del pecho de su madre y más tarde los purés blandos que se le dan a los niños pequeños, la Criatura #2 se alimentaría a base de la dieta Weir: hierbas machacadas, menta e hipérico; de ese modo, podría determinar si la ingesta de alimentos fomenta el crecimiento de huesos, dientes y el cráneo en criaturas de pecho, así como de otros órganos. A la Criatura #1 se le permitiría "jugar"; la Criatura #2 estaría en su cuna, inerte. Así podría yo recabar datos de un valor inestimable para la ciencia con respecto a los efectos de la privación sensorial en una criatura de pecho: ¿la niña sería capaz de ver cuando al fin saliera a la luz? ¿O se quedaría ciega? ¿Sería capaz de adquirir el lenguaje de manera normal, cuando por fin se le permitiera oír hablar a las personas? ¿Tendría un cerebro de tamaño normal o uno encogido? ¿"Reconocería" a su gemela cuando por fin se le permitiese verla? ¿Sería "humana" o se parecería más bien a un "animal", incapaz de caminar erguida, que gruñiría y se arrastraría con pies y manos?
Y, de importancia capital, la Criatura #1, amamantada por una madre enferma mental, ¿empezaría a mostrar síntomas de locura aun cuando el resto de las condiciones fuesen "normales"?».

Para saber cómo puede Silas Aloysius Weir justificar estas y otras barbaridades y venderlas como éxitos científicos habrá que leer la novela y rendirse a la capacidad de autoengaño y de soberbia del personaje y a la pluma, como siempre cautivadora, de Joyce Carol Oates.

Otros testimonios de personas que lo conocieron, lo sufrieron y/o trabajaron con él darán una idea más racional de la locura en la que se embarcó en su carrera, de la hipocresía con la que juzgaba el mundo y a sí mismo, del daño que fue sembrando a su alrededor, lo que no impidió que llegara a ser reconocido en su profesión. Doctores que trabajaron con él, pacientes del manicomio, las enfermeras y comadronas que lo asistían en sus intervenciones, su hijo... darán cuenta de su labor a lo largo de los años. 

No extraña que en el Manicomio lo terminen llamando Carnicero Manos Rojas. No extraña que el doctor termine como termina. No extraña y deja el alma parcialmente reconciliada con la historia. No destripo nada, la cita es del prólogo, aunque se repite de nuevo casi al final de la novela:

«… no habíamos empezado a asesinar al Carnicero Manos Rojas antes de que todo terminara. Cayó a plomo al suelo sucio como una bestia tonta aniquilada por la mano de Dios, se deslizó penosamente sobre su propia sangre. Lloriqueó como un niño al que le han dado una azotaina y ha perdido toda esperanza y lo han avergonzado y le han desgarrado y arrancado la ropa, en su desnudez, el amasijo de genitales sangrando entre los muslos cetrinos de un viejo, gritamos y reímos al contemplarlo».

Y digo que reconcilia parcialmente porque los reconocimientos a su labor siguieron llegando. No hay tampoco que pedir peras al olmo. La acción transcurre en el siglo XIX, en los años treinta, cuarenta y cincuenta de dicho siglo. Las ideas sobre la enfermedad y sus tratamientos, sobre la mujer y sus problemas fisiológicos específicos, sobre el dolor y las formas de mitigarlo, etc. nada tenían que ver con los conocimientos actuales. No vamos a pedir al doctor Weir que se comporte como se le podría exigir en la actualidad, pero incluso en aquella época se sabía perfectamente que algunas cosas no se podían hacer más que con mujeres pobres. 

Joyce Carol Oates

Creo que es el primer libro de Joyce Carol Oates que leo ambientado en el siglo XIX, antes de la Guerra de Secesión. Con él la autora echa una mirada a la historia del país y, aparte de ese desconocimiento y esa diferencia en la atención de la medicina a hombres y mujeres, nos muestra una realidad poco conocida. Nos habla de la hipocresía que había en el Norte frente a la esclavitud, esa postura abolicionista cristiana, pero muy lejos de la idea de igualdad. «Como numerosos norteños, como el propio Abraham Lincoln incluso, los Weir no creían que las mujeres y los hombres negros fueran "iguales" a las personas blancas, pero, como cristianos que eran, no creían en la esclavitud».

Y nos habla de los siervos por contrato, algo que yo desconocía totalmente. Muchas de las mujeres tratadas por el doctor Weir lo eran. Estos siervos eran inmigrantes traídos de Europa. Para pagar su viaje se comprometían a trabajar durante siete años al cabo de los cuales quedarían libres. Aunque eso no era así siempre ya que cuando lesiones o enfermedades les impedían trabajar, esos días se añadían a los siete años del contrato. Como esas lesiones y enfermedades se podían repetir a menudo por la vida que llevaban,  y teniendo en cuenta que no vivían muchos años, esos contratos podían durar toda la vida. «Una diferencia esencial es que esos siervos solían ser blancos y no se consideraban posesiones, es decir, su descendencia no pertenecía a sus amos, sino a ellos». Pero había otras diferencias. «el hecho de que sus criaturas no pertenecieran a los amos, sino que fuesen americanos libres no sujetos a nadie, podía resultar peligroso para ellos, pues, mientras que el esclavista, como es natural, quería mantener a sus esclavas embarazadas razonablemente bien alimentadas para que engendrasen una nueva generación de esclavos y, así, incrementar su patrimonio, el que tenía siervos no tenía interés alguno en el bienestar de la nueva generación ni en el de una mujer embarazada»

Carnicero se sale un poco de lo que la autora nos tiene acostumbrados, historias y conflictos más actuales, pero este análisis de problemas propios del siglo XIX se torna sumamente interesante pues a poco que nos fijemos nos damos cuenta de que de aquellos polvos vienen estos lodos y tal vez en esos problemas de hace casi dos siglos se encuentra el germen de muchos de los actuales.  Desde mi punto de vista, otra novela de la genial autora absolutamente recomendable. 

Las novelas que he leído de la autora en orden de lectura y con enlace las que aparecen en el blog son:
"Puro fuego".

Comentarios

  1. Una historia con temas que obligan a reflexionar. Dura pero, desde luego, muy interesante. Sigo teniendo muy pendiente a esta autora pero la tengo en mente y anoto la novela. Me gusta la época y lo que has contado sobre ella. Un beso, Rosa. Muy buena reseña.

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    1. Gracias por tus palabras, Marta. Tienes que hacerle un hueco a esta autora porque estoy segura de que te va a gustar. Creo que a cualquiera que le guste la buena literatura, Joyce Carol Oates le tiene que gustar.
      Un beso.

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  2. Buenas tardes, Rosa.
    No sé cómo lo hace esta mujer, pero cada novela que escribe resulta totalmente nueva y original. Me interesa mucho conocer cómo desarrolla esta hitoria. Ya te contaré cuando la lea, aunque no será pronto.

    Un abrazo, y gracias por la interesante reseña!!

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    1. Buenos días, Undine.
      Es una novela que en el tiempo de la ambientación se sale un poco de lo que la autora nos tiene acostumbrados, siempre en momentos actuales. Tampoco es de las que más me gustan suyas, pero es tan buena que sus obras menos buenas no dejan de ser magníficas.
      Un beso.

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  3. Tu enganche y admiración por Joyce Carol Oates es increíble, Rosa. De ese enorme listado de títulos que tú has leído yo sólo leí y hace ya muchos años "La hija del sepulturero". Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, guardo un muy buen recuerdo de ella. Tengo en mi casa de Salamanca "Mamá" y cada vez que paso por allí la veo, la tomo en mis manos y me digo que tengo que leerla, pero luego se me olvida u otras lecturas se le adelantan.
    Indagar en los porqués de las acciones humanas siempre es importante. El asunto de la esclavitud y su abolición es importantísimo. La desaparición de la misma pese al mantenimiento de la segregación durante tantos y tantos años es muy destacable. Que haya habido hipocresía en los comportamientos de quienes por religión o por lo que sea la impulsaran no empece la enorme importancia de que lo hayan hecho. El racismo no es -¡desgraciadamente!- patrimonio de una cultura, existe en infinidad de ellas, lo que no es consuelo, claro, pero tampoco debemos de estar fustigándonos constantemente porque la sinceridad no sea absoluta dentro de nosotros.
    Tu reseña sobre esta autora me incita a buscarla una y otra vez. A ver si en esta ocasión no me quedo en mera palabrería.
    Un beso

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    1. Es una autora que me enganchó desde el principio. Además como tiene tanta obra escrita, hay mucho donde elegir y siempre tengo unos cuantos libros suyos en mi lista de pendientes. Encima, viene sacando uno al año y también se van traduciendo publicaciones anteriores por lo que se van sumando más obras.
      No es cuestión de fustigarse. Asumo sin traumas mi porción de racismo, aunque cuando me la descubro me intranquiliza un tanto. Lo que quería dejar aquí de manifiesto es que se tiende a pensar en Lincoln y en los ciudadanos del Norte como ejemplos de falta de racismo cuando en realidad no había tal. En pleno siglo XIX pocos habitantes del mundo (alguno habría) consideraban que los negros, indios, etc. fueran personas con el mismo rango de los blancos.
      Un beso y no dejes pasar a la autora. Con esta novela o con cualquier otra.
      Un beso.

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  4. Hola, Rosa.
    Hay muchos hijos que viven de las glorias de los padres, aunque los repudien, se aprovechan de su estatus o el apellido para no perder a lo que están habituados. Hay familias que son auténticas junglas, que se manifiestan entre ellos solo por interés, es tristísimo, no me cabe en la cabeza, pero es una realidad.
    Sobre el sujeto del libro, he de decir que es una mente enferma, espeluznante, un ser repulsivo que se aprovecha de su poder para hacer el mal, y no se atrevería con los que este percibe de su mismo estatus. Pone los pelos de punta.
    Se nota la admiración que le tienes a la autora, Rosa, y eso nos la transmites al resto.
    Un beso, y feliz semana.

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    1. Es algo de lo más despreciable el mostrarse servil con los poderosos y déspota con los débiles. El personaje que nos muestra la autora es bastante repulsivo. El ver cómo explica sus actos, cómo disfraza de beneficio lo que era una tortura sin sentido, cómo hace pasar por éxitos experimentos que terminan con la muerte de la paciente, sus opiniones sobre las mujeres... todo ello es espeluznante y Joyce Carol Oates, como siempre hace, sin manifestarse, sin juzgar, sin dar su opinión, deja muy claras las cosas. La admiro mucho porque es una narradora magnífica con una sensibilidad exquisita, pero totalmente carente de sensiblería. Para mí es una imprescindible.
      Un beso.

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  5. Me encanta tu reseña, Rosa, y me deja con el corazón encogido por tanto que la especie humana es capaz de realizar. Espero que sea ficción, pero, ¡cuánto de realidad en esta novela! Una autora que sigue pendiente para mi, espero ponerle remedio pronto. Un abrazo.

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    1. Es ficción, pero muy basada en la realidad. Me temo que más de lo que nos gustaría. Como cuento, el protagonista se basa en tres personajes reales y seguro que entre los tres llevaron a cabo muchas de las acciones que se narran en la novela. Hicieron sus avances y descubrieron técnicas y aparatos, pero, esto ya en el libro (no sé hasta qué punto en la realidad) sin la más mínima consideración hacia las mujeres que les servían de objeto de experimentación. No dejes a la autora. Creo que te gustará.
      Un beso.

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  6. Una historia muy dura, sobre todo sabiendo que tiene una base real. Tomo buena nota, que esta novela no la conocía. A ver si me animo otra vez con esta autora, que la tengo en los últimos años abandonada.
    Besotes!!!

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    1. Yo creo que la leo todos los años porque cada uno se publica una novela nueva y/o se traduce alguna antigua. Eso, más las pendientes que siguen en mi lista hace que siempre tenga algo de la autora para leer. Ojalá te animes con ésta o con otra de sus novelas. da tantas alegrías lectoras...
      Un beso.

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  7. Una historia realmente terrorífica por cuanto es real. El Dr. Weir bien mereció el sobrenombre de Carnicero, pues era una carnicería lo que hacía con sus "pacientes", y es perfectamente acertada tu comparación con los experimentos del Dr. Mengele.
    De esta sutora he leído solo dos novelas, por referencia tuya,: La hija del sepulturero y Babysitter, y ambas me gustaron, quizá no tanto como a tí, pero lo suficiente como para repetir la experiencia. Y creo que esta obra bien merece ser añadida a la lista de deseos.
    Un beso.

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    1. Son dos muy buenas novelas esas que has leído. No son mis favoritas, pero es que la obra global de la autora es magnífica. Mis preferidas son Qué fue de los Mulvaney, Carthage, Delatora y Un libro de mártires americanos. Esas de las largas. De las cortas, Persecución, Violación o Una hermosa doncella.
      Eso por mencionar los que más me han gustado, porque todos son muy buenos.
      Ésta que hoy nos ocupa, cuenta una historia terrible que me temo que, si no tal y como aparece, se dio. Desde luego me recordó mucho los experimentos de los nazis.
      Un beso.

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  8. Hola, Rosa.
    Este no va a poder ser. Afortunadamente tengo todavía muchos de la autora por leer así que puedo dejarlo pasar.
    Según iba leyendo la reseña pensé en el mismo individuo que tú, Mengele. Se me parecía más a los otros referentes, pero vaya, menudas "joyitas" todos.
    Tiene su atracción sobre todo por el tema manicomio pero creo que va ser demasiado para mí.
    Y por lo que comentamos en insta, como tampoco está en su supertop pues me da menos reparo perdérmelo.
    Besos

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    1. Hay tantos libros de la autora que siempre encontrarás uno más amable que éste. Es distinto a otros por varias cosas. La época en la que se ambienta, la crueldad explícita, el compendio de tres personas históricas en un personaje de ficción... Es muy buena, pero es muy dura y seguramente no es una novela que vayas a disfrutar.
      Un beso.

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  9. ¡Hola Rosa! pues te diré que esta novela la comencé un día sin ánimo de leerle solo por curiosidad y que el comienzo no me encantó, la aparté pensando en leerla en algún momento, pero ahora tras leer tu reseña creo que se me haría árida. Y mira que la autora me gusta, he leído también unos cuantos y todos me han encantado pero esta novela creo que no es para mi. Aún así, el tema es tremendo, esas mujeres ejerciendo de conejillos de indias en manos de un loco que se supone actuar por el bien de la ciencia, da pavor solo de pensarlo. Lo de la hipocresía del cristianismo, pues es lo de siempre, mucho creer en Dios, mucho con el nombre de Dios en la boca para todo, olvidando eso de "todos somos iguales a los ojos de dios"
    Madre mía con el Carnicero manos rojas...
    Me alegra que la hayas disfrutado!
    Un beso.

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    1. A mí me ha resultado de lo más interesante. Es cierto que es, tal vez, algo más árida que otras de la autora, aunque yo he leído alguna que me ha resultado más árida aún. A mí me ha enganchado enseguida. No es una historia amable. Es bastante siniestra y hasta te cabrea tanto desprecio (y desconocimiento) de las mujeres y de su realidad anatómica y fisiológica, pero eso mismo la hace muy interesante y se aprenden cosas muy curiosas y, al menos para mí desconocidas.
      Un beso. ,

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  10. Tienen muy buena pinta, lógico viniendo de semejante autora, pero me desconcierta un poco la ambientación, jajaja. No sé si me apetece o no. Ya te contaré.
    Muy feliz día.

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    1. Es una novela que se sale de la época en la que suele ambientar sus historias. Es también muy dura, con una dureza muy explícita, pero es muy buena.
      Un beso

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